Política

La fatwa de Washington

“Se decretaron otras fatwas en Gran Bretaña y algunas más detalladas se hicieron públicas en Arabia Saudí. Hay preguntas sin fin a propósito de este anuncio, especialmente en la mente del público norteamericano. Analicemos el texto real antes de intentar responder algunas de estas indagaciones”.

Seguridad



Un nutrido grupo de organizaciones musulmanas, clérigos y activistas radicados en Norteamérica celebraron una conferencia de prensa en Washington para publicar una “fatwa* contra el terrorismo”. El decreto religioso, desvelado en un momento crítico tras los últimos atentados de Londres, ciertamente debe ser objeto de un interés significativo. En primer lugar, la sincronización: llega después de los atentados terroristas contra Gran Bretaña, y también sigue a tres años de horrores sin paralelo por parte de organizaciones jihadistas de todo el mundo, incluyendo atentados suicida y decapitaciones de civiles. Esta “fatwa”, decretada por ciudadanos y asociaciones norteamericanas, es el primer documento teológico hecho público por un conjunto de grupos musulmanes radicados en Estados Unidos. Se decretaron otras fatwas en Gran Bretaña y algunas más detalladas se hicieron públicas en Arabia Saudí. Hay preguntas sin fin a propósito de este anuncio, especialmente en la mente del público norteamericano. Analicemos el texto real antes de intentar responder algunas de estas indagaciones.


 


Un par de puntos merecen mención en principio: uno, no hemos visto una versión en árabe de la fatwa, al menos cuando fue anunciada. Las fatwas se decretan generalmente en árabe. Todos los musulmanes de todo el mundo deben ser capaces de leerlas y todos los clérigos deben ser capaces de debatirlas. Ese es un tema llamativo. Dos, un edicto religioso es parte del dominio teológico, por lo tanto su argumentación debe de estar llena de referencias coránicas y otras fuentes religiosas. Pero puesto que los autores de la fatwa han abordado un tema de “naturaleza política”, han abierto el edicto por tanto también al público para su debate. En otras palabras, una vez que una fatwa es decretada, y mientras trate de temas públicos y asuntos políticos, puede y debe ser debatida por todos los musulmanes, incluso si no pertenecen al ámbito clerical, y también por los no musulmanes, dado que la fatwa también cubre su ámbito. Esta nota de precaución es necesaria para prevenir la exclusión del debate de cualquiera bajo el pretexto de que “discutir” una fatwa es una “cuestión religiosa”. Esto sería verdad si el tema de la fatwa fuera terminantemente teológico. Pero una vez entrados en política y políticas, se abre la puerta al debate libre.


 


Varios puntos están en orden:


 



  1. El texto reza: “El Consejo Fiqh de Norteamérica desea reafirmar la condena absoluta del terrorismo y el fundamentalismo religioso del islam”. De haber estado en árabe, los autores habrían utilizado el término “Irhab“. La fatwa habría sido más firme de haber citado una condena del “Irhab” en textos religiosos. 

El texto norteamericano no hacía mención a “la condena absoluta” con “un texto claro”, lo que permitiría que los jihadistas y al Qaeda rebatiesen la fatwa. Porque los terroristas han utilizado a menudo referencias teológicas para convencer a sus seguidores de que en realidad se aceptaba que “al Irhab” significa jihad. Así, habría sido más eficaz a la hora de proporcionar argumentos teológicos a favor del rechazo específico del Irhab, traducido como terrorismo.


 



  1. La fatwa afirma que “el islam condena taxativamente el fundamentalismo religioso y el uso de la violencia contra civiles inocentes”. Esta es otra declaración importante, pero es demasiado genérica para adentrarse en la guerra de ideas contra los terroristas. Porque la cuestión es: ¿quién determina qué es una vida inocente? ¿Cómo puede llevar esta declaración a una condena específica del asesinato de inocentes en el Triángulo Sunní de Irak, en Moscú o en Sudán a manos de los jihadistas que afirman específicamente en sus propias fatwas que no hay vidas inocentes cuando se emprende la jihad? La fatwa norteamericana podría haber sido concebida específicamente para derrotar la ideología jihadista.

 



  1. Indica que: “No existe justificación para el fundamentalismo o el terrorismo en el islam. Apuntar a vidas y propiedades de civiles a través de atentado suicida o cualquier otro método de ataque es haram — o prohibido — y los que cometen estos actos bárbaros son criminales, no ´mártires´”. De nuevo, habría sido más eficaz responder directamente a los jihadistas que citan el Corán y otros textos y fuentes. Por ejemplo, no había nada parecido a los explosivos en el siglo VII, pero aún así al Qaeda, sus aliados y hasta el jeque Yusuf al-Qardawi han justificado en al Jazira el uso de terroristas suicida, y lo han autorizado en determinadas condiciones. El jeque al-Qardawi fue tan lejos como para vincular el atentado suicida de hoy con lo que llama “inghimass” (lanzarse contra el enemigo). Según él, esto lleva permitido en las enseñanzas religiosas desde los primeros días del islam. Una fatwa decretada en Occidente o en Estados Unidos tiene que responder teológicamente al jeque al-Qardawi y a los jihadistas, y no afirmar globalmente lo que el derecho internacional y 52 países musulmanes suscriben ya.

 



  1. El texto de la fatwa reza: “El Corán, el texto revelado del islam, afirma: ´Quienquiera que mate a una persona [injustamente]… es como si hubiera matado a toda la humanidad. Y quienquiera que salve de una vida, es como si hubiera salvado a toda la humanidad´”. (Corán, 5:32). Esta cita poderosa tiene que reemplazar a todas las restantes referencias que al Qaeda utiliza con respecto a los kuffar (infieles) de cualquier fuente. Para los terroristas jihadistas, sería cuestión de citar la misma frase y simplemente afirmar que las personas a las que matan son asesinadas “justamente”. Sus ideólogos ya han respondido a esta referencia diciendo que quienquiera que mate fuera de la jurisdicción de la jihad, actúa como si matara a toda la humanidad. La misma lógica se aplicará a todas las restantes citas de la fatwa: la necesidad de respuesta teológica a los jihadistas además de citas generales.

 


La fatwa afirma entonces que “a la luz de las enseñanzas del Corán y la Sunna, afirmamos clara y firmemente” que:


 



  • “Todos los actos de terrorismo que tengan por objetivos civiles son haram (prohibidos) en el islam”. Esta es una declaración positiva y centrada. Y asumiendo que el derecho internacional ya cubre ese área con la legislación, declaraciones y convenciones desde el siglo XIX, insertar ejemplos de terrorismo en la fatwa sería básico, intentos de matar a civiles inocentes como niños en escuelas, en autobuses, en pizzerías; civiles en teatros, en lugares de trabajo, en metros, etc. Es crucial que las fatwas llamen por su nombre al terrorismo de al Qaeda y especifiquen que las fatwas de la organización son ilegales e ilegítimas, y que los clérigos que la secretan están cometiendo crímenes bajo la ley islámica y el derecho internacional.

 



  • “Es haram que un musulmán coopere con cualquier individuo o grupo que esté implicado en cualquier acto de terrorismo o violencia”. Otra declaración firme, aunque genérica, que podría reforzarse con referencias directas y específicas de cara a los jihadistas y a los líderes de las organizaciones terroristas. La declaración debería mostrar la mafa´eel, es decir, las consecuencias. Debe indicar por ejemplo que los musulmanes que cooperan con al Qaeda, sus aliados y otras organizaciones terroristas emprenden una hiraba, (una guerra maldita) y serían considerados mufsidún (transgresores de la ley islámica).

 



  • “Es el deber cívico y religioso de los musulmanes cooperar con las autoridades de la ley para proteger las vidas de todos los civiles”. El lenguaje de esta estipulación es positivo en conjunto, pero necesita articularse de un modo que convierta a los musulmanes de América en parte de la ciudadanía, no en una nación por sí mismos a la que le ha sido ordenado por los ulemas (clérigos) cooperar con las autoridades norteamericanas. El tono de la declaración podría indicar que los musulmanes se resisten a la cooperación, son distintos del resto de los ciudadanos, y para cooperar, necesitan una prescripción especial de una fatwa. De hecho, el texto debería haber sido “…trabajar con las autoridades de la ley, igual que el resto de los norteamericanos“.

 


Por otra parte, la frase afirma extrañamente “para proteger las vidas de todos los civiles”, como si no se incluyese al personal de seguridad o al personal militar norteamericano en esta fatwa. Debería haber afirmado que los musulmanes norteamericanos, igual que el resto de los norteamericanos, son parte de esta nación, acatan su ley y rechazan el terrorismo — especialmente el jihadista — y respaldan a sus fuerzas armadas norteamericanas y defienden este país como cualquier otro ciudadano.


 


La lingüística es importante en teología. ¿Es esta fatwa una prescripción religiosa para acatar el derecho internacional y norteamericano, o es un edicto para establecer una resistencia teológica al terrorismo? Mientras que el objetivo es un callejón sin salida, que es hacer frente al terrorismo, el instrumento es igual de importante. Si luchar contra el terrorismo de inspiración religiosa precisa de decretos religiosos, la guerra contra el terrorismo estará a merced de las fatwas, o, de haber estado en otro contexto, a merced de las prescripciones papales.


 


Cuando la gente secular y los humanistas musulmanes pidieron a la directiva musulmana que condenase el terrorismo, querían ver a los líderes políticos y comunitarios movilizando a sus fieles contra al Qaeda y otros jihadistas, no atrincherar más a sus comunidades en un mundo separado organizado completamente por las fatwas. Y cuando los gobiernos y los intelectuales pidieron a los clérigos que hicieran frente a las fatwas de los wahabíes y de otros radicales, esperaban que los moderados decretasen edictos que pidieran a sus seguidores que rechazasen los extremismos por motivos del derecho internacional. Uno pensaría en el ejemplo fijado por el ayatolá Sistani en Irak, quien decretó una fatwa para animar a su pueblo a tomar parte en las elecciones circulares. Esto era una prescripción religiosa para integrar a la sociedad civil, en lugar de una fatwa formal a ser refutada por las “grandes” fatwas jihadistas.


 


Un decreto clerical de los académicos musulmanes norteamericanos tiene que ser tan fuerte como las fatwas salafíes o wahabíes, o no debería ser decretado. Debería pedir el respeto al derecho internacional por encima de otras leyes cuando la política está en juego.


 


En el análisis final, un paso en la dirección correcta siempre debe ser alabado. Pero un paso hacia ninguna dirección puede ser contraproductivo. Si los autores de la fatwa quieren ser parte de la guerra contra el terror o quieren desviarla, lo sabremos del siguiente paso.

Fatwa: Es un veredicto legal dado según ley Islámica. No es obligatorio seguir un fatwa, como esto es simplemente una opinión dada por un erudito o el clérigo.

Walid Phares nació y se crió en el Líbano, y cursó estudios de Derecho y Ciencias Políticas en las universidades Jesuita y Libanesa de Beirut. Posteriormente obtuvo un Master en Derecho Internacional de la Universidad de Lyon en Francia, y un Doctorado en Relaciones Internacionales y Estudios Estratégicos de la Universidad de Miami. Es profesor de Estudios de Medio Oriente y Conflictos Étnicos y Religiosos, y experto en temas relacionados con el islam político, la jihad y el choque de civilizaciones. Se desempeña como analista político para varios importantes medios de comunicación como CNBC y MSNBC y es columnista regular en varias publicaciones internacionales.

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