Pensamiento y Cultura

La marea digital está barriendo las tiendas de música

Algo parecido a lo que Google es para la prensa, es Spotify para la música. El problema es el mismo: el producto tradicional pierde audiencia, y la expansión del nuevo, digital, no compensa el descenso: son otros los que obtienen beneficios con él.

El crepúsculo del CD

En el caso de la música, retroceden los discos, y el crecimiento de la venta por Internet no ha devuelto la facturación total al nivel de los años noventa; en cambio, los minoristas on line, en primer lugar Apple, sacan una buena tajada.

Ahora, la marea digital está barriendo las tiendas físicas. Tras un último intento por sobrevivir en la última Navidad, en enero han capitulado tres grandes cadenas: Virgin Megastore en Francia, FNAC en Italia y HMV en Gran Bretaña e Irlanda.

Virgin tiene en Francia 26 tiendas y más de mil empleados. Llevaba cuatro años perdiendo dinero y su deuda asciende a 22 millones de euros. El 7 de enero presentó suspensión de pagos.

FNAC estaba en crisis en Italia, y su dueño, PPR, la vendió al fondo de inversión Orlando, que el 22 de enero anunció su plan de reestructuración. Cerrará temporalmente tres establecimientos en Florencia, Roma y Turín, y mientras tanto mandará a los empleados a casa a cargo de la Seguridad Social. Si al cabo de unos meses equilibra las cuentas y llega a un acuerdo con los propietarios de los inmuebles, volverá a la actividad normal.

También en su país de origen, Francia, FNAC tiene dificultades. Tras un descenso del 3,2% de las ventas en 2011, el año pasado adoptó un plan para reducir 80 millones de euros en costes, principalmente mediante 500 despidos.

El caso más triste es el del histórico HMV, que abrió su primera tienda en 1921 y el 15 de enero entró en concurso de acreedores. Con más de 200 establecimientos y 4.350 empleados, será liquidado si no encuentra inversor que lo salve.

El público abandona las tiendas

A propósito de Virgin, la ministra francesa de Cultura, Aurélie Filippetti, hizo un diagnóstico. En declaraciones a la radio Europe 1, culpó a la “competencia desleal” de los comercios en Internet (Apple, Amazon…), que se aprovechan de operar en la red para vender en Francia y declarar las ganancias en otros países con impuestos más bajos.

Sin embargo, la astucia fiscal de los competidores no pesa tanto como los problemas propios. Las ventas de discos bajan (–12% en Francia el año pasado) y suben las de música digital (+13%). Las compras por Internet son ya más de la mitad del mercado en Estados Unidos, y un tercio en Gran Bretaña. Los consumidores van pasándose a las descargas o al streaming porque es cómodo y más barato.

Con este panorama, es difícil ser competitivo si hay que pagar elevados alquileres para mantener una tienda elegante en los Campos Elíseos, como Virgin, en vez de una nave en una zona industrial, como Amazon.

Se podría pensar que a la industria discográfica le da igual cómo se venda la música, con tal que se venda. Pero no es así. Además de que los discos tienen mayor margen de beneficio, las tiendas de ladrillo son buenas promotoras del producto en cualquier soporte porque anuncian visiblemente las novedades. Se espera que sin Virgin y HMV bajen las ventas, como sucedió en Estados Unidos cuando cerró la gran cadena Tower Records en 2006.

Muestra del interés de la industria discográfica por las tiendas es que desde hace años EMI apoyaba al maltrecho HMV costeándole el alquiler de 16 establecimientos. ¿Podría EMI ser el salvador de HMV? Como EMI pertenece ahora al conglomerado Universal, no sería fácil que las autoridades permitieran mayor concentración de intereses en sus manos.

Microderechos para los músicos

El crepúsculo del CD tampoco está siendo bueno hasta ahora para los músicos, fuera de las grandes estrellas, dice The New York Times. En especial, el streaming permite tener una audiencia que antes no podrían soñar, incluso a los artistas independientes. Pero les da poco dinero.

Por cada CD vendido, el intérprete cobra una cuota muy variable, por lo general entre el 7,5% y el12% del precio de venta al público, según la fuerza que tenga para negociar con la discográfica. Por cada descarga (por ejemplo, en iTunes o en Amazon), cobra del 7% al 10% de los 0,99 dólares o euros que pagan los compradores. Un audición en streaming les reporta como mucho medio centavo.

Pero la audiencia es enorme, y muchos granos de arena hacen una montaña. En efecto, el rapero coreano Psy se ha llevado 8 millones de dólares por su videoclip Gangman Style, que ha sido visto más de 1.200 millones de veces en YouTube. Pero la violonchelista norteamericana Zoe Keating, independiente, es un caso más común. El año pasado publicó en su blog una relación detallada de sus derechos por la distribución de su música en Internet. Más de un millón y medio de audiciones en Pandora a lo largo de seis meses, que si se tratara de un single le habrían dado un disco de oro, le reportaron 1.650 dólares, o sea menos de 0,1 centavos por audición. Last.fm y Spotify retribuyen mejor: unos 0,4-0,5 centavos.

La cuestión es si el streaming llegará a extenderse tanto que los micropagos sumen cantidades decentes. Actualmente Wikipedia tiene una lista de 32 servicios de streaming (no son todos), de los que 6 son gratuitos, 11 solo de suscripción y 15 mixtos. No hay datos totales, pero Spotify tiene ya unos 20 millones de usuarios, de los que 5 pagan suscripción (5-10 dólares mensuales).

La expansión puede no traer un aumento neto del volumen de derechos si es a costa de los discos. Pero Donald S. Passman, autor del libro All You Need to Know About the Music Business, confía en que subirán los derechos cuando el streaming se generalice, como ya sucedió con el CD. Y Sean Parker, consejero de Spotify, asegura al New York Times que el streaming devolverá a la industria discográfica a su antiguo esplendor.

// OTROS TEMAS QUE TE PUEDEN INTERESAR

// EN PORTADA

// LO MÁS LEÍDO

// MÁS DEL AUTOR/A

Menú