Política

La provocación de Martin Adler

Santi Lucas

Aunque el profesor Desantes Guanter se atreve a decir que la paz es obra de la información, lo cierto es que engorda cada año la nómina de los informadores que pierden la vida haciendo su trabajo en los parajes más inhóspitos de los confines del planeta. Periódicamente, diversas organizaciones internacionales publican el trágico y abultado saldo de víctimas, acogido anormalmente con la frialdad de unos puros datos estadísticos y la indiferencia o desdén de la opinión pública. Un sacrificio humano, como tantos otros, que a la mayoría nos resulta ajeno, distante, y que por ello se borra con rapidez de nuestros recuerdos y emociones más fuertes.


 


Martín Adler, un periodista sueco que grababa una manifestación de protesta en Mogadiscio, capital de la república africana de Somalia, murió asesinado por la espalda al recibir un disparo a quemarropa de un desconocido. Cuando Martín Adler grababa esta protesta para el canal británico “Cannel 4” no podía saber que otras cámaras obtendrían la secuencia de su propia muerte y que con ellas se iban a revolver las entrañas de una audiencia masiva e inopinada.


 


Este reportero se especializó en conflictos y enfrentamientos bélicos que dieron con el objetivo de su cámara en lugares tan poco recomendables como Chechenia, Afganistán o Irak. Si alguna vez vimos sus crónicas seguro que  fuimos incapaces de valorar justamente su contribución al ejercicio ciudadano de uno de los más preciados derechos universales como es el derecho a la información. Sin embargo, el retrato de su muerte, captado por la dramática ironía del destino, que le tomó el relevo en el mismo instante de ser alcanzado por el impacto de una bala, ha producido una justificada conmoción social y un sentimiento común de repulsa en todo el mundo. El asesino de Martín Adler pensó tal vez que destruía con su arma a un incómodo testigo cuando logró el efecto contrario: que millones y millones de ojos se hayan posado en una causa perdida.


 


Con la retransmisión en directo del atentado sobre Martín Adler la comunidad internacional ha recibido un aldabonazo en la infatigable y delicada causa de la libertad. Ensangrentado sobre la arena, la imagen de Martin Adler provoca dolor e indignación sentidos, debates airados y urgentes sobre los riesgos de su profesión, solidaridad y reconocimiento planetarios, homenajes y galardones póstumos, vocaciones retraídas y aletargadas que se sienten espoleadas por esta tragedia. El suyo es un cuerpo inerte que, observado con atención, provoca nueva vida y coraje para que nunca las sociedades humanas se desintegren en la oscuridad.

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