Las dos rehenes liberadas este jueves en Colombia por las FARC aterrizaron en el aeropuerto de Caracas, donde las esperaban sus familiares más cercanos y funcionarios del gobierno venezolano. Más allá que la liberación haya sido dispuesta por las FARC –únicas responsables de sus sufrimientos– para ridiculizar al presidente colombiano Uribe y de que Hugo Chávez haya intentado lucrar políticamente, corresponde alegrarse del fin de los padecimientos de Clara Rojas y Consuelo González.
Clara Rojas y Consuelo González
Al bajar del avión, Consuelo González fue abrazada entre lágrimas por sus hijas Patricia y María Fernanda Perdomo, quienes la esperaban con flores, informó la agencia francesa de noticias.
Clara Rojas besó una y otra vez a su madre, Clara González, de 76 años, quien se desplazó hasta la escalerilla del avión con una andadera.
Los familiares de Consuelo González llevaban camisetas que decían “Libertad para todos ya”.
A la ex parlamentaria Consuelo González la esperaba también su nieta de dos años, a quien no conocía. En seguida, la tomó en brazos y dijo que esto “es como volver a vivir. A veces pienso que es un sueño”.
Luego, las dos familias se abrazaron y besaron mutuamente.
Clara Rojas, de 44 años, secuestrada en febrero de 2002 junto a su amiga y compañera de fórmula presidencial Ingrid Betancourt, debe buscar en Colombia a su hijo Emmanuel, de tres años y medio y quien se encuentra en un albergue estatal en Bogotá.
Emmanuel, fruto de una relación consentida con un guerrillero, fue ubicado por las autoridades colombianas a fines de diciembre, cuando se postergaba la liberación de los rehenes.
El niño fue sometido a pruebas de ADN y luego las FARC reconocieron que se trataba del hijo de Clara Rojas.
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