Anthony Padgen, historiador y profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de California, ha dedicado mucho tiempo a buscar las razones de los 2.500 años de conflictos entre Oriente y Occidente.
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Martes, 21 de julio 2026

Anthony Padgen, historiador y profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de California, ha dedicado mucho tiempo a buscar las razones de los 2.500 años de conflictos entre Oriente y Occidente.
El resultado es este voluminoso libro, cuya tesis puede resumirse así: mientras Occidente se ha distinguido por amar la libertad, Oriente ha vivido bajo el dominio del despotismo y la corrupción, y ambos han mantenido una lucha constante que llega hasta nuestros días.
Claro que esto hay que explicarlo, y a ello se ha dedicado el autor para alumbrar una síntesis histórica llena de anécdotas y curiosidades, oportunamente mezcladas con la narración de invasiones, batallas, ideales, ambiciones y debilidades humanas. Padgen es un hábil narrador de historias bien hiladas que capta enseguida la atención del lector. Pero de inmediato, empieza a suscitar sospechas de parcialidad por sus prejuicios antirreligiosos (es un ateo admirador de Voltaire y del viejo paganismo ateniense y romano). Resulta chocante que solo examine la religión como un aporte negativo e incluso violento al devenir humano.
Este vuelo a ras de tierra por los grandes hitos de la historia, desde la guerra de Troya hasta la invasión de Irak por Estados Unidos, está cuajado, como digo, de curiosidades. Por supuesto que en este entramado aparece también la evolución del pensamiento, en especial la aparición del escepticismo y el nihilismo que tanto han influido en la modelación del Occidente moderno, cuyo genio –afirma el autor– tiene como base el conflicto y las competitividad, frente a la sumisión de los orientales a los déspotas de turno, apoyados por una religión que desconoce la libertad.
Así llegamos hasta nuestro presente, en el que se desarrolla otro capítulo de las históricas confrontaciones entre dos mundos que no han llegado a comprenderse: el Occidente cristiano –con los matices obligados dado el rápido proceso de secularización– y el Oriente musulmán, con lo que quedan al margen las grandes culturas china e india. En este contexto, la “historia” de Padgen está llena de claves para entender lo que ocurre en nuestros días, en especial el “choque de civilizaciones” entre el islamismo radical y el liberalismo democrático occidental.
Queda para el lector la interpretación personal de la “primavera árabe”, todo un fenómeno social, político y cultural, que ha dejado perplejos a los historiadores y que Padgen no ha podido incluir en sus análisis. Pero la conclusión a la que llega el autor no es precisamente optimista. Aunque ya apenas hay fronteras y las corrientes migratorias han convertido el mundo globalizado en un conglomerado multicultural, no considera improbable que surjan en Occidente guetos de musulmanes devotos que exijan gobernarse por la “sharía”. Mientras, el antiguo conflicto entre Oriente y Occidente seguirá latente aunque limitado a ataques terroristas y brotes de odio que no serán menos agrios que en los dos últimos milenios.
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