El novelista británico Martin Amis ha provocado una fuerte polémica en el Reino Unido con sus advertencias públicas sobre el peligro que la ideología islamista, unida al alto índice de natalidad de los musulmanes, supone para Europa.
Cultura-Europa
Amis saca esta semana un libro bajo el título de “El segundo avión” (Jonathan Cape), en el que se recogen algunos de sus artículos periodísticos y otros escritos inspirados por los ataques terroristas del 11 de septiembre contra Estados Unidos.
El escritor, que reconoce haber tenido novias musulmanas y se declara un entusiasta en su día del multiculturalismo tal y como se había venido practicando en este país, sufrió, como el resto del mundo, un fuerte shock con el más espectacular atentado terrorista de la historia.
En una entrevista publicada hace casi dos años, Amis afirmó textualmente que “la comunidad musulmana tendrá que sufrir hasta que ponga su casa en orden”.
El tipo de sufrimiento que recomendaba era el recorte de sus libertades de movimiento, la exposición a cacheos de los individuos con aspecto de paquistaníes o árabes y otras vejaciones por el estilo.
“Un trato discriminatorio hasta que duela a toda la comunidad (musulmana) y (los padres) empiecen a ponerse firmes con sus hijos”, decía el autor de “Koba el Temible”.
Las declaraciones de Amis no llamaron la atención hasta que se fijó en ellas un conocido crítico marxista llamado Terry Eagleton, que utilizó sus diatribas contra los musulmanes en la introducción de un libro suyo, y el asunto colea desde entonces.
Amis tuvo que disculparse en un principio en una carta abierta a una columnista del diario liberal “The Independent” llamada Yasmin Alibhai-Brown, musulmana liberal, que le había acusado de ponerse de “parte de las fieras” en referencia a quienes, sin distinguir entre una minoría islámica y el resto de los creyentes, pretenden que paguen justos por pecadores.
En una entrevista que publica hoy ese mismo diario con motivo de la edición de su nuevo libro, Amis se defiende una vez más de las acusaciones de racismo y trata de justificar sus exabruptos de entonces.
“Hay que tener en cuenta el momento en que hice (esas declaraciones). Se había descubierto la tercera conspiración yihadista en trece meses (para hacer estallar en pleno vuelo sobre el Atlántico varios aviones). Mis hijos estaban tomando ese verano vuelos transatlánticos”, recuerda el escritor.
“Alguien vino a verme desde Londres y me dijo que estaba prohibido incluso llevar consigo un libro en un vuelo transatlántico. Se me ocurrió que era un triunfo de las fuerzas de la estupidez, de la literalidad, de la ignorancia y la falta de sentido del humor”, agrega en referencia al Islam.
Según Amis, sus ataques contra los extremistas musulmanes no tienen nada de racistas: “Si fuesen protestantes anglosajones quienes hacen esas cosas, yo mismo estaría dispuesto a aceptar que se me impusieran restricciones con tal de que sirvieran para acabar con ese nivel de violencia”.
La invitación a cachear a los musulmanes “no es una cuestión moral” sino que es una cuestión de “eficacia, algo que a uno no le gusta tener que hacer, pero cuando las cosas alcanzan cierta magnitud, no hay más remedio que planteárselo”, dice Amis.
Al novelista se le reprocha sobre todo que haya hecho suyas algunas de las teorías apocalípticas del canadiense Mark Steyn en su libro “America Alone”, quien predice que, por causas que tienen que ver tanto con la demografía como con la falta de voluntad de defender sus valores por parte de los occidentales, Europa habrá sucumbido al Islam para el año 2020.
Steyn no es un hombre de matices y considera que prácticamente todos los musulmanes desean vivir bajo una teocracia como la del Irán del ayatolá Jomeini, por lo que una vez que sean mayoría en Europa, gracias a que sus mujeres paren mucho más que las occidentales, aprovecharán la democracia para votar por un régimen de ese tipo, gobernado por la sharia.
Para Amis, Steyn, del que reconoce que “escribe como un chiflado” y “tiene una mente muy inestable”, es, sin embargo, alguien que “dice lo indecible”, y el hecho de que “algo sea radiactivo” no significa que no nos atrevamos a aproximarnos porque sería “la derrota de la razón”.
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