Se nos etiqueta culpables de lo que los árabes llaman nakba, Su “calamidad” inventada e insidioso sinónimo de nuestra autodeterminación. La nakba es la principal reseña en su léxico de deslegitimación de Israel y su actual efecto sobre la psique árabe es importante. No es exclusivamente la perversa preservación del supuesto radicalismo extremista.
Sarah Honig
Cada año por estas fechas se nos anima a golpearnos el pecho en acto de constricción y exclamar en consecuencia un colectivo “perdónenos por vivir”.
Perdónenos por ser israelíes, por fundar un estado judío, y por defenderlo a pesar de los incesantes esfuerzos por aniquilarnos o expulsarnos. Perdónenos por atrevernos a existir igual que las demás naciones, en nuestro propio territorio, donde se habla nuestra propia lengua – donde nuestras costumbres, fiestas, celebraciones, lamentos y memorias ocupan la escena central. Disculpe el deseo de normalidad de los anormales.
Realmente tiene que ser una trasgresión, puesto que en los alrededores del Día de la Independencia, se nos insta a disculparnos por respirar el aire de esta región, violando la hegemonía árabe / musulmana y contaminando la conocida liberalidad, el pluralismo, el librepensamiento, la no violencia y los inocentes valores árabes / musulmanes.
Antes de nuestra resolución a reconstruir lo que reclamamos sin ninguna prueba como nuestra patria nacional, la realidad aquí era armoniosamente gozosa (basta con leer las descripciones relativas en el Innocents Abroad de Mark Twain). Perjudicamos maliciosamente la indudable perfección de un desierto despoblado plagado de pantanos putrefactos corroídos por la malaria. Por ello nos ganamos la condena eterna, según nuestros enemigos e ilustrados moralistas nacionales, que empatizan con el dolor enemigo.
Nuestros guardianes nacionales de la virtud (los sucedáneos de los cuales no son tolerados en el gran ámbito islámico) nos culpan del antagonismo genocida árabe, que se remonta a los años 20 bajo el reverendo Fuhrer pan-árabe Haj Amin el-Husseini, el inmediato colaborador Nazi ávido, cómplice del Holocausto residente en Berlín, y criminal de guerra en busca y captura. Se nos etiqueta culpables de lo que los árabes llaman nakba, Su “calamidad” inventada e insidioso sinónimo de nuestra autodeterminación.
La nakba es la principal reseña en su léxico de deslegitimación de Israel y su actual efecto sobre la psique árabe es importante. No es exclusivamente la perversa preservación del supuesto radicalismo extremista. Es igual de prevaleciente que el lenguaje de aquellos que se hacen pasar por moderados, como Daoud Kuttab, cuya columna se acompañó de la mía en la misma página de opinión la semana pasada.
Titulada “Vosotros creásteis el problema”, su temática preeminente era que toda la sangre y las tripulaciones de esta tierra se deben a la perversidad judía. Somos los villanos de la columna de Kuttab, lo que nos obliga por tanto a suplicar el perdón árabe. Esa es su ostensiblemente contenida solicitud. Todos los Kuttab quieren una confesión del crimen y la autodemonización. Después de eso, presumiblemente, nuestros exterminadores aspirantes nos dejarán subsistir como subseres marcados en su esfera (lo que el Tercer Reich llamaba Lebensraum).
QUÉ GENEROSO por su parte — si es que puede creerse eso. ¿Pero por qué la vehemencia en nuestra contra subsiste después de que la justifiquemos? ¿No serviría nuestra autodenuncia como validación de nuestra eliminación total? Kuttab sabe que lo haría, pero – con la motivación de cualquier lobo con piel de cordero – su objetivo es engañar a sus víctimas buscadas. Nos promete una solución fácil. La simple admisión de culpa verbal haría desaparecer el odio fanático.
Millones de árabes con el cerebro lavado que reclaman falsamente el estatus de refugiado no nos inundarán y desbordarán lo que creamos el siglo pasado – con ríos de nuestra sangre, sudor y lágrimas, literalmente.
Kuttab claramente no puede garantizar de buena fe lo que no puede controlar. Pero no hay buena intención aquí. No se equivoca sinceramente, sino que engaña deshonestamente. Es consciente de que los estatutos de Hamas y Fatah piden el exterminio de Israel. Escucha el veneno vomitado a diario en los medios oficiales palestinos.
Kuttab olvida aparentemente cómo se adoctrina a los niños de todas partes del extenso mundo árabe (mayor que toda Europa y Estados Unidos juntos) contra la minúscula isla de soberanía judía en un margen geográfico invisible. Es testigo de la glorificación del asesino shahid (mártir). Comprende que este tipo de incitación siembra las semillas de las próximas guerras, no la coexistencia.
Su afirmación de que nosotros creamos el problema es duplicidad vergonzante. No puede discutir que la nakba fue engendrada a través de mentiras árabes letales – desde la cínica incitación a la masacre en 1929 porque presuntamente los judíos planeaban la dominación del Monte del Templo (con el que, según la propia propaganda árabe pública, de todas maneras carecen de vínculo religioso/histórico alguno) a la última oleada de intifadas alimentadas a través de calumnias idénticas. Kuttab se da cuenta de que nunca existió Palestina ninguna, que los árabes solamente descubrieron (y apasionadamente rechazaron) la apelación europea (de orígenes anti-judeocristianos) después de comenzar el Mandato Británico. Cuando Gran Bretaña inició la Palestine Broadcasting Service en 1936, los árabes exigían que “Palestine” fuera reemplazado por “Southern Syria”. Algunos defendieron incluso “Iraq” (otra de las entidades inventadas por la Pérfida Albión). Palestina (o Falastin para los árabes, que no pueden pronunciar el nombre extranjero) ha sido resucitada de manera relativamente reciente como plan sin contemplaciones para arrebatar el territorio a Israel. Previamente, como Kuttab no puede negar, los árabes rechazaban cualquier compromiso que dejase a los judíos un rincón inviable siquiera, como una penosa porción entre Tel Aviv y Netanya. Kuttab omite intencionadamente cualquier mención a las guerras árabes inspiradas con el fin de sabotear la resolución de partición de la ONU de 1947 (la que ahora dicen querer implementar) y los 7 ejércitos árabes que invadieron el Israel neonatal con el fin de destruirlo el día de su nacimiento. Dos semanas antes, el 1 de mayo de 1948, el secretario general de la Liga Árabe Azzam Pasha advertía: “Si los sionistas se atreven a establecer un estado, las masacres que desatarán dejarán pequeño a cualquier cosa que perpetraran Genghis Khan o Hitler”. La memoria parcial de Kuttab omite las expulsiones de 1947-4de judíos por parte de árabes en este país tanto de comunidades antiguas como nuevas, con toda la carnicería acompañante que prometió Azzam Pasha y que ya era entonces perniciosamente inculcada a la mentalidad árabe. Kuttab sabe que los árabes fueron desplazados en el combate que ellos iniciaron con el propósito expreso de expulsar a los judíos. Ellos recibieron sus justos desiertos. Nosotros solamente “creamos el problema” al no seguir el guión árabe de nuestra destrucción.
Rechazamos con valor el ataque árabe concertado en nuestra contra, aunque estábamos dramáticamente sobrepasados y desbordados. Esa es nuestra única ofensa capital. De modo que perdón por vivir.
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