Los árabes irradian encanto tercermundista. Por tanto, si los árabes masacran habitantes del Tercer Mundo – como los subyugados negros de Darfur – entonces la identidad de los atacantes no debe especificarse, no sea que perjudique a la mística árabe.
Sarah Honig
Existe un firme vínculo entre la movilización sentimentaloide de algunos israelíes en representación de los inmigrantes ilegales sudaneses y el desposorio izquierdista con cualquier cosa que refuerce la defensa de los palestinos y culpe al estado sionista. Cualquier cosa que manche a Israel sirve a nuestros sesgados medios y colectivos vacíos de personalidad de nuestra über-tolerante sociedad.
Nuestros radicales nacionales, vestigios izquierdistas radicales sobrantes de la en tiempos gran revolución proletaria internacional que lamentablemente falleció de un suspiro, centran su fanatismo bienhechor en el Tercer Mundo — pisoteado pero, como reza la estilosa mitología, moralmente superior. Los sufrimientos del pueblo judío, no hace falta decirlo, nunca despiertan significativa simpatía, mientras que los sentimientos pro-árabes — en su variante palestina preferentemente — son imprescindibles .
Los árabes irradian encanto tercermundista. Por tanto, si los árabes masacran habitantes del Tercer Mundo – como los subyugados negros de Darfur – entonces la identidad de los atacantes no debe especificarse, no sea que perjudique a la mística árabe.
Pero los guardianes nacionales de la ética de esos otros, los judíos, marcarán un doble tanto si logran achacar el estado judío parte de la culpa de la miseria de las desgraciadas masas de Darfur. Constituiría otra súper-oportunidad más para demostrar la supremacía moral de los izquierdistas, mientras al mismo tiempo se humilla a Israel, que es una vergüenza constante para ellos.
Superficialmente, su fácil formulación parece innegablemente lógica: los judíos fueron exiliados en tiempos a los que se negaba asilo en un mundo hostil. Nuestro trágico pasado nos obliga a una penitencia única por la culpa de haber sobrevivido tanto a Hitler como a la incómoda apatía Aliada a nuestra tesitura existencial. Es nuestro deber ser mejores que cualquier otra nación – incluso si ello nos destruye .
La raison d´etre de Israel no es ocuparse de, y proporcionar asilo a, los judíos, sino solucionar los problemas del mundo dentro de los confines excesivamente estrechos y cada vez más vulnerables del estado judío aún amenazado.
Esta manipulación emocional se construye por completo sobre la premisa de que los judíos deben penitencia al mundo por haber impuesto durante tanto tiempo su conciencia. El mundo está harto de que su maltrato a los judíos se le arroje a la cara. No es la persecución lo que le perturba, sino los recordatorios de la misma. Habiéndose levantado de las cenizas ardientes de la comunidad judía europea, Israel es en su misma esencia un recordatorio indeseado, y por tanto su existencia como tal es pecaminosa .
LOS PENITENTES de los hechos judíos de moda, ansiosos de ser agasajados en los círculos de la ilustración europea, no tiene ningún problema en suscribir cualquier calumnia que les granjee la aprobación exterior. Si su propio país es denigrado como opresor y nada sofisticado, entonces los izquierdistas locales se disocian de su causa e inician alegremente festivales de difamación, no sea que acaben siendo sospechosos de aliarse con las fuerzas de la oscuridad .
La variante única de Israel de universalismo posmodernista no siente ninguna náusea al poner en peligro la autodeterminación del antiguo pueblo judío al mismo tiempo que defiende la autodeterminación de los presuntos palestinos, cuya etnia es una invención reciente artificial únicamente calculada para equilibrar la renaciente soberanía nacional judía.
Los presuntos palestinos — muchos de ellos descendientes de inmigrantes que se agolpaban aquí procedentes de lejanos dominios árabes musulmanes hasta la misma víspera del nacimiento de Israel, destruyendo las aspiraciones de los pioneros judíos creadas con su sangre sudor y lágrimas literalmente – son considerados aborígenes desarraigados. Aunque los descendientes originarios de los refugiados judíos permanezcan siendo siempre extranjeros en cualquier parte, los africanos que violan nuestras fronteras pueden manifestar indignación indígena.
De ahí que la santurrona élite de Israel insista en que el derramamiento de sangre judía en el incomparable Holocausto nos obliga a admitir a los africanos. Aquellos que difaman a los rivales políticos recurriendo remotamente a las imágenes del Holocausto difaman abiertamente el Holocausto con falsas analogías que solamente pueden resultar atractivas al intelectualmente retrasado .
No hay manera de comprobar quién de entre los políticamente correctos es un auténtico Darfuriano. A partir de lo que sabemos, podríamos estar prestando asilo a asesinos de masas sudaneses musulmanes en lugar de a sus víctimas a la huida. Además, estos presuntos refugiados no vienen aquí desde Sudán, sino desde Egipto, donde no deben estar perseguidos. ¿Por qué no debe albergar el Egipto árabe a aquellos desplazados por otros hermanos árabes? Las probabilidades dictaminan que la mayor parte de los africanos que se dirigen a Israel nunca han estado cerca de Darfur.
El hecho políticamente incorrecto es que décadas de independencia africana solamente avergüenzan a África. Cualquier africano con los recursos suficientes busca irse, incluyendo a los musulmanes africanos que persiguen a la Europa cristiana o incluso al Israel judío. Intentan todos los caminos – desde el Sahara español hasta el Sinaí. Contra más corre el rumor de lo estúpidos que son los israelíes, más lucrativa se convierte la opción Israel vía Sinaí .
Los aspirantes al asilo, temiendo por sus vidas, no declinarían automáticamente Egipto. Los emigrantes económicos que buscan estándares de vida más elevados prefieren inevitablemente el Israel moderno antes que el retrógrado en Egipto .
Si elegimos la gloria de nuestra rectitud en lugar de reconocer que en la realidad globalizada de hoy en día, Israel es un destino muy atractivo, nos encontraremos tan inundados de ilegales como Europa. Pero nuestra situación será inconmensurablemente peor, puesto que – al contrario de la enorme insatisfecha Europa – Israel corre destacados peligros.
Los abanderados progres aficionados a la galería esperan que reparemos en nuestra resistencia abriendo nuestra frágil casa de miniatura a cualquier africano que nos regale los oídos con cuentos de aflicción, porque debemos al mundo solucionar los problemas humanitarios creados por otros (en especial por nuestros genocidas enemigos). Si así perdemos nuestra casa, que sea así . La idea de una nación estado judía es de todos modos anatema para nuestras bellas almas, que defienden “un estado de todos sus ciudadanos” o un estado binacional a compartir con los mismos palestinos que acaban de manifestar su desagrado a su autogobierno en Gaza. Si eso es imposible, la alternativa izquierdista es “un país multicultural inclusionista” en el cual el pulpo islámico / jihadista pueda extender un brazo fuera de África .
Una vez que las inclinaciones hospitalarias de Israel logren reputación por todo el África subsahariana, el islam habrá encontrado otro camino más para amenazar al odiado estado judío. Cuando eso suceda, no cuente con que ninguno de los predicadores del justicia a expensas de los judíos de Israel juzgue digna a su nación de compasión un entendimiento — incluso si una vez más es la víctima. Nunca subestime su inclinación a culpar a los judíos de la desgracia judía.