Economía y Sociedad

¿Qué pasa en China?

La irreversible transformación de la estructura económica deberá ceder, en algún momento, a la necesidad de una más robusta ciudadanía. De una clase nueva que pueda desarrollar su impulso emprendedor sin el tormento del sistema centralista.

Editorial
No hace mucho, el pensador francés Guy Sorman publicó un excelente libro sobre la realidad china y los acontecimientos de los últimos tiempos. La transformación de una economía semi-feudalizada en un gigante industrial de descomunales proporciones. Algunas de las pistas que Sorman ofrece en ese libro es lo que deseamos comentar.

Dos son las cuestiones que preocupan hoy del proceso chino. Una de índole política (referida a los planes de democratización que pueda pensar el Partido Comunista), y la otra de índole económica y es hasta qué punto los beneficios de la era industrial serán expansivos al resto de la sociedad. Es decir, en qué medida el crecimiento contribuirá a formar un mercado interno robusto y estimulará la capacidad emprendedora.

Pues el primer “obstáculo” fue aclarado hace días por el politburó. No habrá mayor democratización que la que se conoce hasta el momento. Es decir, una muy débil y precaria retórica que cierra el paso a los derechos civiles y políticos de toda la comunidad. La particular forma de entender la democracia del anacrónico partido no implicará, al menos hasta el próximo Congreso, una redefinición de objetivos.

El segundo obstáculo, el económico, parece tener mejores perspectivas por cuanto el gobierno parece haber entendido que el éxito del proceso de expansión residirá, en última instancia, en la superación de las profundas desigualdades internas. En la integración al proceso de desarrollo de esa parte de la sociedad estancada en el feudo campesino y esclava del más estremecedor atraso. El lema del Congreso comunista (algo así como “armonización) parece orientarse en esa dirección.

Lo que restará por ver en los próximos meses/años, es la forma en que ambos procesos se confabulan. La manera en que democracia y desarrollo pueden convivir y alimentarse mutuamente, generando un cada vez más amplio entorno de libertad. Es difícil cuando una sociedad vivió bajo décadas de un férreo dominio estatal y cuando el partido único gobernante tiene aún que reciclar a sus dirigentes más viejos. Pero la realidad de los últimos años permite alguna esperanza. La irreversible transformación de la estructura económica deberá ceder, en algún momento, a la necesidad de una más robusta ciudadanía. De una clase nueva (nuevos hombres) que pueda desarrollar su impulso emprendedor sin el tormento de un sistema centralista, que los inhibe y adoctrina. Éste será, sin dudas, el principal desafío del país.

* El libro de Sorman es “China: el año del gallo”, publicado en España por Gota a Gota (FAES).

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