Política

Subsecretarios y vergatorios

Cuenta un amigo mío que en el 23-F fueron algunos soldados de reemplazo y números de la Guardia Civil los que calentaron la cabeza a sus mandos para intentar un golpe de Estado. Al gobierno de Zapatero le pasa lo mismo. Hemos sabido que los subsecretarios monclovitas se han conjurado para no salir de la crisis económica y dejar en el peor lugar a sus superiores

Di que sí

Por eso les ha echado un chorreo de aúpa la vicepresidenta Fernández de la Vega. Los ha llamado inconscientes, dice El País, y si este periódico lo dice, que vive allí mismo y se atiborra a diario de fuentes oficiales, hay que creerlo a pies juntillas. No hay derecho a semejante boicot menestral. Bien ganado tienen el rapapolvo.

Zapatero, empeñado en discurrir medidas que aplaquen el desastre, y sus discípulos de brazos cruzados, sin parir una idea brillante ni ayudar en nada. De ingratos a traidores sólo hay un paso. Así se explica que baje el butano y suba la luz, que algunas obras municipales del plan de choque sean de 6.000 €, que De la Vega viaje a África a tomar notas o que sea trascendente debatir en el Parlamento sobre la actividad de los falleros. Ahora conocemos el motivo real de tanto disparate. Los subsecretarios jugaban al despiste y no planteaban más que memeces.

Qué envidia de otros regímenes que afrontan la crisis sin interferencias burocráticas ni filtros engañosos. Por ejemplo, el de Venezuela. Hugo Chávez ha decidido abrir restaurantes populares, para que su pueblo se solace a un precio económico y va a poner en el mercado unos teléfonos móviles bolivarianos llamados “vergatorios“, que van a ser la repanocha de baratos y prácticos. Y sin un apático subsecretario que venga a poner pegas.

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