Han muerto 19 personas por el incendio de una mina de carbón en las inmediaciones de ciudad Hegang, en la provincia de Hilongjiang, en el noreste de China. Las condiciones laborales de los chinos cada vez son más un tema de debate.
Las autoridades chinas, impotentes
Las autoridades comunistas no sólo son conscientes ahora de la explotación de sus propios ciudadanos sino que los chinos también empiezan a comprobar lo que implica sacrificar los derechos humanos en pos del crecimiento económico.
La reducción de la pobreza, que en China es singularmente cruel porque no hay servicios sociales de calidad y accesibles, se había convertido en el estandarte de las políticas del Partido y en la finalidad más prioritaria de su planificación central.
Con situaciones como la muerte de 19 mineros hoy o la incapacidad de las autoridades para prevenir y frenar la catástrofe que desencadenó el terremoto de Sichuan, la popularidad de los dirigentes, que no ha sido cuestionada en casi 60 años, está empezando a registrar las primeras grietas.
Un portavoz del cuartel general de rescate señaló que a las 14:00 (hora local) de este domingo, 12 mineros todavía permanecían desaparecidos, y añadió que el techo del pozo está a punto de derrumbarse a causa del incendio, que se sigue extendiendo. La densidad de los gases tóxicos está aumentando, añadió el vocero.
El siniestro se produjo a las 3:30 del sábado en el yacimiento de carbón Fuhua de la ciudad de Hegang, cuando 43 mineros se encontraban en el pozo, de los cuales sólo 12 consiguieron escapar.
Según reveló Wang Rui, teniente alcalde de Hegang, el propietario, el director, y dos subdirectores de la mina están bajo la custodia policial y sus cuentas bancarias han sido congeladas.
Por otro lado, los medios de comunicación chinos se ven cada vez menos constreñidos por la censura, aunque la represión sigue siendo muy superior a la de cualquier democracia independientemente de su calidad. Las malas decisiones de las autoridades pueden ser conocidas por una capa cada vez más amplia de la población.
Los medios digitales, en los que cientos de chinos encarcelados ahora por el Partido Comunista, han permitido que los disidentes entren en contacto y plasmen sus opiniones en las ediciones de la prensa nacional en Internet.
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