América, Política

Nicolás Maduro sigue comprando voluntades

Nicolás Maduro aprovecha, todo lo que puede, la obvia desesperación de la gente ante la escasez de todo. Situación que el mismo ha generado, con su incompetente manejo de la economía venezolana, que ya la ha acercado dramáticamente a la ruina.

Ocurre que ha descubierto que, en la desesperación, la gente resulta fácil presa de sus presiones. Y aprovecha esa circunstancia.
 
Una nota del diario madrileño ABC así lo confirma. En efecto, el lugar de enfrentar la crisis económica, Maduro está recaudando firmas contra las sanciones financieras dispuestas por los Estados Unidos contra siete de sus asociados que tenían cuentas en ese país. Populismo lamentable, en estado puro. Lo hace en busca de obtener, dice, diez millones de firmas de protesta.
 
Pero ha descubierto un método realmente perverso. Pero sumamente efectivo. Quién firma la carta de protesta recibe un pollo en el supermercado. O un pedazo de jabón. O una botella de leche. Y muchos lo hacen, constreñidos al extremo por una situación personal realmente muy apretada.  
 
Todo es bueno para manipular la presunta “opinión pública”. También la escasez y el hambre. Y Maduro las aprovecha.
 
Una bajeza más. Pero la oportunidad está y los bolivarianos nunca tienen barreras morales. Sólo ambición de poder. Y ansias de perdurar en el gobierno de un país donde cuatro quintas partes de la población venezolana lo está rechazando. Porque tiene esperanzas de que, pronto, las cosas puedan cambiar.
 
Ocurre que este año habrá elecciones intermedias en Venezuela, salvo que Maduro que, por anticipado, seguramente se sabe perdedor, lo impida. De cualquier manera. Sería una barbaridad. Y un salto muy riesgoso, que dejaría a Venezuela fuera de todos los parámetros de la presunta democracia venezolana. Más aún, también sería seguramente una invitación al caos que podría ser aprovechada para endurecer aún más el cepo con el que Maduro ha aprisionado duramente las libertades civiles y políticas esenciales de los sufridos venezolanos. Un auténtico y dramático salto al vacío, entonces. Dios quiera que no suceda.
 
 
Emilio J. Cárdenas 

Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas. 

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