En rigor, el gran endosante del gobierno venezolano hoy es China, a cambio de compromisos explícitos en materia de provisión de hidrocarburos.
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Sábado, 10 de octubre 2026

En rigor, el gran endosante del gobierno venezolano hoy es China, a cambio de compromisos explícitos en materia de provisión de hidrocarburos.
El autoritario Nicolás Maduro está cada vez más aislado políticamente. Incluyendo en su propia región, donde sólo Cuba y Bolivia lo apoyan. Para los demás líderes latinoamericanos Maduro es, en esencia, apenas un dictador grotesco que ha sometido a su pueblo y arruinado económicamente a su país. Sólo eso.
Al decidir hablar en la 73ª período de sesiones de la Asamblea General de la ONU, Maduro creyó que ello iba a suceder en el plano de la normalidad. Es decir, que de alguna manera iba a poder escapar del evidente aislamiento en el que está sumergido.
Pero la realidad no fue así. Para nada. Su llegada a la Asamblea fue precedida por una nueva batería de duras sanciones económicas norteamericanas, que esta vez incluyeron a su intrigante y poderosa esposa, Cilia Flores. Al aterrizar en Nueva York, pese a ser un Jefe de Estado, el país anfitrión no le rindió los honores de tal. Lo ignoró. La Casa Blanca actual lo tiene como lo que Maduro efectivamente es: un enemigo de la democracia y un violador sistemático de los derechos humanos y de las libertades civiles y políticas de su pueblo.Un abusador detestable.
Cuando los Jefes de Estado accedieron al mismo podio de la ONU en el que luego hablaría Nicolás Maduro descargaron contra el “ex colectivero” caribeño una lluvia certera de críticas. Particularmente los presidentes de Argentina, Colombia, Perú y Chile, que apuntaron –todos- abiertamente sus dardos contra de Nicolás Maduro.
No sólo eso, sino que varios países latinoamericanos, ese mismo día, pidieron a la Corte Penal Internacional que investigara a Nicolás Maduro por crímenes de lesa humanidad. Entre ellos, la República Argentina. Las acusaciones fueron particularmente graves e incluyeron la posible responsabilidad por asesinatos, secuestros y desapariciones forzadas. Canadá y Francia las hicieron, luego, suyas, lo que cabe aplaudir.
Venezuela está acorralada entonces no sólo por las sanciones económicas, sino además por una extendida repulsa diplomática. En rigor, el gran endosante del gobierno venezolano hoy es China, a cambio de compromisos explícitos en materia de provisión de hidrocarburos. A ese peculiar endoso se agregan los de Rusia, Corea del Norte, Irán, Sudán, Myanmar, y los de algunos otros pocos países también autoritarios.
En la región, salvo Bolivia, todos hoy “le dan vuelta la cara” a Nicolás Maduro. Incluyendo sus ex aliados Ecuador y Nicaragua. Ocurre que Nicolás Maduro es tóxico y que, por ende, aquello de que “dime con quién andas y te diré quién eres” es de aplicación inmediata. Por eso algunos prefieren alejarse de él.
En el seno de la OEA sólo Bolivia votó en contra de una resolución que dejó abierta la puerta para una posible expulsión de Venezuela de la organización regional.
Los apoyos externos que Nicolás Maduro recibe de China, Rusia y Cuba suenan importantes, pero –reitero- son sólo producto del interés de seguir comprando, sin interrupciones, el buen crudo venezolano. Conveniencia propia, obviamente.
Nicolás Maduro, en síntesis, está cada vez más solo. En su propio continente únicamente Evo Morales, otro fallido socialista, le brinda el apoyo que la desteñida y arruinada Venezuela ha ido perdiendo sistemáticamente, por su propia conducta. Como cabía suponer.
(*) Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.
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