América, Política

Una muestra más de las grandes falencias institucionales argentinas que aún no han sido corregidas

El Gobierno Nacional acaba de sancionar un protocolo que gobierna al accionar de la policía en su labor esencial de perseguir a los delincuentes.


Pero no habían pasado sino unas pocas horas de ello cuando un juez en lo contencioso administrativo de la ciudad de Buenos Aires, lo declaró sorpresivamente “inconstitucional”. Desde las redes sociales se difundieron rápidamente los “antecedentes” del magistrado que así había actuado. Ellos, de ser ciertos como realmente parece, hacen dudar -muy seriamente- acerca de la independencia y objetividad del sentenciante.
 
Basándonos esencialmente en lo informado por la publicación electrónica “La Política Online”, trataremos de describir suscintamentey en líneas generales la personalidad del referido magistrado, Roberto Gallardo, quien fue designado juez en el año 2000, por concurso.Y es toda una curiosidad
 
Tan pronto asumiera su cargo, se enfrentó con el entonces Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Aníbal Ibarra, en diversas causas. Entre sus decisiones de aquella época hay algunas relativamente llamativas. Como la que obligó a recontratar a 2.300 empleados municipales que habían sido separados de sus cargos. O la que dispuso que no se removieran carpas kirchneristas instaladas frente el Congreso Nacional, pese a que no habían solicitado la autorización del gobierno de la ciudad que legalmente correspondía. Así como la que embargó depósitos millonarios del Gobierno de la Ciudad para que se pagara un subsidio a los “cartoneros”, que él mismo había dispuesto. O la que ordenó a Aníbal Ibarra clausurar un Casino Flotante, medida que nunca se llevó a cabo. O la que decidiera clausurar el predio donde se realizaba el Salón Internacional del Automóvil. O las que dispusieron la intervención de escuelas públicas, por problemas edilicios.
 
 A todo lo que suma, aparentemente, el carácter de deudor de créditos impagos respecto de algunas entidades financieras.
 
El magistrado en cuestión fue previamente socio del legislador que hoy preside el bloque kirchnerista en la Legislatura porteña. Su cercanía con algunos líderes de la juventud kirchnerista que militan en la organización denominada “La Cámpora” es, por lo demás, notoria.
 
En su juventud Gallardo militó en el radicalismo, para pasar luego a la izquierda del movimiento peronista. En su despacho cuelgan retratos del líder socialista Alfredo Palacios, del “Che” Guevara, y del ex presidente chileno Salvador Allende. Todos ellos –que conforman un mensaje implícito- exteriorizan una clara inclinación política. A lo que se agrega una serie de crucifijos que, quienes conocen al magistrado, explican como una evidenciade su preferencia por la “teología de la liberación”.
 
Roberto Gallardo ha sido asimismo protagonista de algunos episodios realmente inusuales, como el de haber suspendido una de sus “mateadas”, por haber encontrado “mal gusto” en la yerba que utilizaba, que aparentemente contenía excrementos humanos. ¿Había sido sólo una broma de mal gusto? Este asunto, que continúa sin explicaciones satisfactorias, dio lugar a una insólita causa judicial en la que se comprobó que –simultáneamente- el inodoro del baño del magistrado en cuestión había sido puesto fuera de servicio, taponándoselo con una elevada cantidad de toallitas de papel. Raro, por cierto.
 
El curioso perfil descripto precedentemente es el dado a conocer por “La Política Online”, en su edición del pasado 5 de diciembre. Parece evidente que, de ser correcto, el mismo arroja dudas sobre la capacidad del magistrado en cuestión para mantenerse independiente al tiempo de emitir las decisiones que le corresponden.
 
Roberto Gallardo tiene una coloración política que está lejos de ser la ideal para los jueces. Por esto es difícil caracterizarlo “ex ante” como un magistrado judicial libre de presiones ideológicas propias, que puedan influenciar sus sentencias.
 
La imagen que proyecta sobre la justicia argentina no pareciera ser la que corresponde a la majestad de su cargo. Por esto genera preocupaciones que no le hacen nada bien a la reputación de nuestra Justicia. Un juez local avanzó contra normas nacionales. Tiene razón el Ministro de Justicia cuando dice que Gallardo “tiene tendencia a avanzar sobre áreas que no son de su competencia”. Es así. Nada bueno, entonces. 
 
(*) Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas
 

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