Está bien eso de poner límites al poder de una forma u otra; que la política es un mandato y como dice Lula, unos son los políticos y otros los burócratas.
En Mayo tenemos elecciones en el Reino Unido y Colombia. El 3 de Octubre serán en Brasil. Escribo “tenemos” con toda la intención pues las cosas del mundo exterior ya no lo son tanto y más bien parecen propias.
Apasionantes las elecciones británicas con la irrupción del partido Liberal Demócrata como opción alternativa. Cameron, Brown y Clegg están en un pañuelo en los sondeos. Se aprestan al tercer debate televisado mientras sus estrategias en los medios aceleran apoyos con los típicos ingredientes de cualquier campaña y se adentran en las contradicciones personales de los candidatos, incluidos presuntos escándalos y corruptelas.
Y nadie se rasga las vestiduras. Cambian las personas en los partidos. Cambian los partidos en los gobiernos. Cambian las políticas públicas desde el convencimiento ideológico distinto. Pero los británicos saben que lo importante para todos ellos no cambia. Es así. Siempre fue así donde existe centenaria cultura democrática. Donde los políticos no son funcionarios de la política; donde son solo representantes temporales de los ciudadanos y no aspiran a tener una excedencia especial y para toda la vida.
Dramáticos se aventuran los comicios en Colombia. Allí tienen doble vuelta y los principales candidatos Santos, Mockus y Sanín tienen por este orden las preferencias del electorado. Sufren los sondeos recurrentes y las proyecciones para una segunda vuelta previsible. Zanjaron la tercera reelección de Uribe por defender su sistema constitucional y un principio estable en las presidencialistas democracias americanas.
Para desgracia de la admirable y golpeada Colombia no son pocos los que trabajan dentro y fuera para ponerlo todo patas arriba, lo que no funciona y también lo que funciona.
En Brasil, el opositor José Serra y la heredera de Lula, Dilma Rousseff, viven atentos también a los apretados sondeos. Tienen allí también segunda vuelta. Siguen enfrascados con lo de achicar o alargar los mandatos. Cree el candidato Serra, gobernador del Estado de Sao Paulo, que con cinco años sería suficiente. Tercia Lula y asegura que en cuatro años y por culpa de la burocracia poco se puede hacer. Dejará el poder en enero de 2011, después de ocho años, y no sabe que hará entonces. No aspira a la secretaria general de la ONU, como se ha dicho, y piensa que allí está mejor un burócrata y no un político.
Uribe y Lula se van del poder obligados por las reglas del juego propias. Su mandato temporal a nadie ha dejado indiferente. Colombia y Brasil, hoy, son prueba de ello. Aspiraban a seguir. Brown no sabe si seguirá en su mandato también temporal. Los británicos dirán. Normas y urnas limitan y acotan los mandatos y el poder. Está bien eso de poner límites al poder de una forma u otra; que la política es un mandato y como dice Lula, unos son los políticos y otros los burócratas.
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