Es la pregunta que se hacen muchos estadounidenses después de que el tandem Obama-Biden haya utilizado a nuestro país como arma arrojadiza para mostrar las supuestas debilidades en política exterior de los republicanos en esta campaña electoral
Editorial
Nunca John McCain pensó que España, un país marginal en lo que se refiere al marco global de las relaciones entre hiper potencias mundiales, y su presidente, un Zapatero marginado por sus propias políticas a alternar con países como Venezuela, Cuba o Ucrania, podrían ser usados por los demócratas en la campaña para atacarles.
Por dos veces, y en el espacio de una semana, Obama y Biden han sacado a la palestra el nombre de España y de Zapatero en sendos debates televisados frente a McCain y Palin.
Todo se remonta a una entrevista que el senador por Arizona concedió hace semanas a Unión Radio. Allí, el candidato republicano a la Casa Blanca rehuyó la pregunta de si aceptaría reunirse con Zapatero. McCain salió al paso argumentando que mantendría buenas relaciones con sus aliados y que, en todo caso, lo decidiría cuando fuese elegido presidente de su país. Una respuesta, cuanto menos, inteligente.
Es ridículo que Barack Obama haya querido usar a España como contrapeso cuando era increpado por su rival por querer negociar con personajes como Chávez, Castro o Ahmadineyad. No tiene sentido que el “ejemplo español” se use para demostrar que la Administración Bush y su posible sucesor no distinguen ya entre amigos y enemigos.
¿Acaso Barack Obama conoce los motivos por los que George Bush ha ignorado al presidente Zapatero? No es necesario recordar la retirada de las tropas españolas de Irak, una estampida que tenía como única intención pegarle una bofetada pública a Estados Unidos, o la falta de respeto de Zapatero de no levantarse al paso de la bandera en un desfile de las Fuerzas Armas. Un gesto que en España parece objeto de risa, pero que al otro lado del Atlántico no se entiende así.
También es ridículo que los demócratas pongan en duda que un hombre de la experiencia de John McCain desconozca si España pertenece a la OTAN. Precisamente cuando quien lo insinúa no puede presumir de tener semejante background. Es más, Obama tuvo que organizar una gira mundial a toda prisa para demostrar que estaba a la altura de lo requerido.
Y precisamente en esa gira, España no tuvo hueco en la agenda. El senador por Illinois tuvo tiempo para pronunciar un discurso ante la puerta de Brandenburgo, de reunirse con Sarkozy o de abrazar a Gordon Brown, pero no de conocer La Moncloa. Por lo que a pesar de estas palabras, parece que España y Zapatero sólo interesan a los demócratas con fines electoralistas.
Lo peor de que Rodríguez Zapatero haya entrado en la campaña estadounidense es que, si McCain alcanza la presidencia en noviembre, Estados Unidos nos considere un país ciertamente incómodo. Pasaríamos, entonces, del ostracismo a la rivalidad.
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