Para muchos bolivianos la circunstancia de tener que convivir con Evo Morales en el poder es casi una tragedia.
Porque están en las antípodas de lo que Morales y los suyos piensan. Y sienten. Pero Morales, que no respeta a las minorías, ha sido ciertamente electo en las urnas por la mayoría indígena que caracteriza a Bolivia. De eso no hay duda alguna, aunque su popularidad esté ahora en caída, aún entre muchos que hasta ayer lo apoyaban.
Para otros, Morales, por su peculiar personalidad, es apenas un personaje más, de aquellos que inspiran burlas. Esto es lo que le sucede probablemente a Johnny Vallejos, un joven dibujante de apenas 30 años que acaba de ser detenido en la ciudad de Sucre, en Bolivia, por el crimen inaceptable de haberse animado a burlarse de Evo Morales.
Lo que supone una actitud contraria a la prevaleciente: la del “culto a la personalidad” respecto de un líder que, increíblemente, hasta ha sido tenido -por algunos- como una suerte de divinidad indígena.
Vallejos hizo una caricatura exagerada de Morales, en la que incluyó -en una gigantografía públicamente exhibida- una nariz tipo “Pinocho”. Lo que obviamente sugiere que Morales es mendaz. Y por, además, dibujar una venda sobre sus ojos.
Vallejos ha sido detenido y, de acuerdo a la normativa vigente, podría permanecer en la cárcel por espacio de hasta seis años, lo que es, por lo menos, tan escandaloso como su detención. Y nos recuerda por cierto aquello de Alberto Moravia, cuando sostenía que “una dictadura es un estado en el que todos le temen a uno y uno a todos”. La prohibición a las burlas no es más que el temor del uno que somete (pero en rigor teme) a todos.
Ocurre que Evo Morales tiene una personalidad conformada por una mezcla compleja que, entre otras cosas, contiene elementos de arrogancia y otros de necedad. Por eso sucede que al líder indígena boliviano no le gusta que nadie haga, nunca, mofas con su persona. De ningún tipo.
Cree ser demasiado importante como para tener que “soportar” tamaña vergüenza. Y “desagradecimiento”, quizás. Lo que nos trae inmediatamente a la memoria lo de León Daudí: “La burla es la piedra de toque de la buena calidad. Aquellos que no pueden soportar la burla, no tienen calidad suficiente. Esto, en los hombres, se ve enseguida”. Y es efectivamente así.
Esta no es la primera vez que algo así sucede en la Bolivia de Evo Morales. En rigor, es la tercera vez que ocurre. En los últimos cinco años, al menos.
El primer caso se originó en un mensaje con “graffiti” que fuera dibujado en la ciudad de Oruro. El segundo, cuando una persona completamente borracha comenzara a insultar a Morales durante un acto público en Quillacollo, Cochabamba. Ambos audaces pagaron con cárcel sus imperdonables “faltas de respeto”. Morales, complacido.
Mientras esto sucede, la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad de La Plata, en la Provincia de Buenos Aires, conducida por la Decana Florencia Saintout -militante del movimiento “La Cámpora”- invitó a Evo Morales a disertar sobre la importancia de las comunicaciones para los regímenes progresistas. Nada que ver con la libertad de expresión. Más bien, todo lo contrario. Pero ese discurso es precisamente el que se procura desde el poder.
Se trata ciertamente de la misma Facultad que increíblemente otorgara altas distinciones académicas a Hugo Chávez, Rafael Correa y hasta a Evo Morales, por su quehacer “a favor” de la libertad de expresión. No. No leyó mal. Es increíble, pero así fue, en los tres casos.
Ocurre que, en el mundo de fantasía que crean los bolivarianos y proclaman también sus compañeros de ruta o ad láteres, todo se desfigura y confunde, generando una suerte de absurdo “mundo al revés”, que les queda cómodo. Pero nada tiene que ver con la verdad, lo que no es una cuestión menor.
Emilio J. Cárdenas
Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.
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