Uncategorized

Acciones discrepantes contra el liberticidio sandinista

La crisis abierta en el país centroamericano tras la celebración de sus elecciones municipales no tiene fecha de caducidad. Día tras día, la situación empeora. Lo positivo es que por fin se están tomando algunas medidas, aunque sea levemente.

Editorial

Las dos semanas que siguieron a la celebración de los comicios se caracterizaron por las acciones represivas contra la oposición por los seguidores de Ortega, mientras éste dejaba hacer en silencio. Sin embargo, ni liberales ni sandinistas reformistas se han amedrentado. Su condena del fraude (electoral) ha sido y es permanente.


La siguiente fase, fue el decreto de Ortega oficializando los resultados. El fraude estaba ya legitimado pero las protestas no cesaron sino que se acentuaron. Además, el líder sandinista no ha podido contar con un apoyo más sólido de sus compañeros de aventura liberticida, en especial de Chávez, pues se también hallaba inmerso en elecciones domésticas.


Ortega tiene un inmenso currículum en lo que a manipulación, represión y extorsión se refiere. Su modus operandi dictatorial ya lo aplicó en los ochenta y ahora lo ha repetido. Su última medida no nos debe sorprender: la suspensión del parlamento para evitar que se aprobara un proyecto de ley que legitimase la repetición de las elecciones.


Esta apuesta debería salirle cara. La Comunidad Internacional no  debería mirar  para otro lado y sí actuar en consecuencia. En cierta forma, ya hemos asistido a algunos signos de cambio. En efecto, Estados Unidos, blanco de las críticas del actual gobierno nicaragüense, pero aún así el país que más ayuda ofrece a Managua, ha congelado los fondos que debía entregar procedentes de la Cuenta del Reto del Milenio.


La reacción del gobierno sandinista ha sido, diría un castizo, de “ni frío ni calor”. En el fondo, lo imaginaban. La deriva de Ortega hacia posiciones radicalmente anti-americanas, así lo vaticinaba. Pero cuidado, que el dinero de Estados Unidos es fundamental para paliar la pobreza a la que está llevando a sus compatriotas. Que no se le olvide al Comandante de una cosa: el precio del petróleo está bajando y por tanto, la financiación chavista puede peligrar, cuando menos en el monto total de su cuantía.


El resultado es que tras el 9N, nos encontramos con una Nicaragua “a la boliviana”. ¿Qué queremos decir? Muy sencillo. Las tretas del gobierno sólo han provocado la polarización de la sociedad. La reconciliación nacional que experimentó el país en los noventa, Ortega la ha dinamitado. Lo positivo es que la oposición es adicta a las formas democráticas, por lo tanto, la comunidad internacional debería tener en cuenta sus demandas.


 


 

// OTROS TEMAS QUE TE PUEDEN INTERESAR

// EN PORTADA

// LO MÁS LEÍDO

// MÁS DEL AUTOR/A

Menú