América, Política

Argentina: De pronto, la voz de Máximo Kirchner

… Máximo, intempestivamente y cuando nadie lo esperaba, salió repentinamente a escena. Lo hizo en el pequeño estadio del club de fútbol “Argentinos Juniors”, emplazado en el barrio de La Paternal, en la ciudad de Buenos Aires. Naturalmente frente a una nutrida “tropa propia”.


 En el proyecto de eternizarse en el poder todo lo posible que alguna vez acariciara el matrimonio Kirchner, su hijo, Máximo, simplemente no existía. Ocurre que -prácticamente sin estudios- siempre vivió entre bambalinas. En silencio. Pero en los últimos tiempos aparece con las manos bien hundidas en el plato del poder, organizando, por ejemplo, la agrupación juvenil denominada “La Cámpora”, en homenaje a al ex presidente Héctor J. Cámpora, al que Juan Domingo Perón, advirtiendo su inclinación al marxismo, dejara súbitamente de lado en el que fuera su frustrado postrer intento de gobernar a su país. Que comenzara precisamente con la decisión de Juan Domingo Perón de desprenderse de esa minoría peronista y de sus grupos de choque, alejando a su gobierno de todos ellos.

 
No obstante, Máximo, intempestivamente y cuando nadie lo esperaba, salió repentinamente a escena. Lo hizo en el pequeño estadio del club de fútbol “Argentinos Juniors”, emplazado en el barrio de La Paternal, en la ciudad de Buenos Aires. Naturalmente frente a una nutrida “tropa propia”. Habló rodeado de algunos miles de integrantes de la organización juvenil aludida, que lo aplaudían con admiración. Levantando al aire el puño de su brazo izquierdo, a la manera marxista.
 
Su mensaje fue -sin embargo- el más inoportuno posible. Pese a que, antes de enunciarlo, el joven advirtió a todos que su anti-democrática propuesta, conocida que fuera por su madre, la “iba a enojar”. Lo que, sin embargo, no pareció importarle demasiado, desde que, pese a ello, la hizo igualmente pública. Se trata de postular a Cristina Fernández para una nueva re-elección presidencial, lo que, se sabe, es absolutamente imposible de acuerdo a la Constitución. Lo que no conmueve demasiado a Máximo.
 
Mientras tanto, la presidente está inmersa en una bien extraña tarea: la de anunciar complots y que para la Argentina vienen días de protesta y hasta de posibles “estallidos sociales”. Contra ella, naturalmente, cuando el tremendo -y costosísimo- fracaso de su gestión y el sinsentido del presunto “modelo kirchnerista” están ya claramente a la vista de todos.
 
Según ella, una suerte de “matiné” de lo que podría suceder a fines de año, podría acontecer pronto, atento a sus reflexiones, aprovechando su viaje en respuesta a una citación del papa Francisco, con quien almorzó antes de acceder, una vez más, al podio de las Naciones Unidas, como todos los Jefes de Estado en oportunidad de un nuevo período de la Asamblea General de las Naciones Unidas.
 
A todos corresponde, en la Argentina y fuera de ella, hacer lo que sea necesario para evitar ese sombrío pronóstico. Principalmente al gobierno, naturalmente, que debiera dejar de echar leña al fuego, escuchar y corregir los rumbos y los enormes desaciertos acumulados, que son los que claramente han llevado a la economía argentina a una situación más que compleja.
 
Como orador, Máximo es sencillo. Básico. Y sabe, como apunta Luis Majul, sobreponerse a la timidez. Pero, además, apunta a mantener al kirchnerismo vivo. Pero lo cierto es que no es nada carismático. Improvisando, lo suyo no fue brillante. Pero, por lo menos, el joven es claro y no habla a los gritos, como demasiados políticos argentinos, que creen que de otro modo no se les escucha. Como si el volumen del discurso tuviera, lamentablemente, más importancia que el contenido de los mensajes o las ideas que se explicitan.
 
Lo cierto es que el heredero de la dinastía Kirchner -en lo que Carlos Pagni describe como un “mensaje resignado”- ha dicho “presente” frente al mundo de la política. Por su influencia sobre su madre, lo acontecido no puede silenciarse. El tiempo dirá si tiene o no las condiciones necesarias para descollar en él. Por ahora, su única propuesta pertenece al plano de la fantasía. A menos que realmente se intente pasarle por encima a la Constitución.
 
Para el periodista Jorge Asís, el de Máximo fue un discurso “maniqueo, pero bien emitido”. Pero, cuidado, hay que recordar siempre un viejo dicho: aquel que afirma que: “a algunos milagros los hace el diablo y hay que llorarlos después.” Lo de Máximo profundiza las fracturas del peronismo y puede sepultar las ambiciones de Daniel Scioli, definitivamente. Pero quizás lo que busca Máximo es otra cosa: popularidad cuando está por salir al ruedo de la política en busca de la intendencia de Río Gallegos, en lo que luce como un intento de seguir los pasos de su padre. Por el momento parecería que sus posibilidades son pocas, atento a que las encuestas lo muestran lejos de encabezar las mediciones que se refieren a las expectativas de voto. Más bien al fondo de la tabla.
 
Emilio J. Cárdenas
Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas. 
 

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