Europa, Política

Atentado contra Europa: La Guerra no es una opción

Parecen unánimes la mayoría de medios, españoles y europeos, en considerar que los atentados terroristas de Bruselas son un “ataque” contra Europa y reclaman unidad y coordinación de los 28 estados que la integran.



Buscan razones  a lo que está pasando. Repiten frases sabidas y ya expresadas con ocasión de anteriores ataques terroristas. Reiteran lo que llaman “nuestros valores compartidos de libertad y tolerancia” y advierten sobre las consecuencias de populismos y xenofobias.

Escriben que lo sucedido en Bélgica es un ataque a nuestras “Instituciones” y a un modelo de civilización al que definen como “libre, próspero, solidario y tolerante con todas las culturas” y luego, vinculan sus recetas futuras a la cuestión de la Inmigración, a la crisis de asilo y refugio, piden planes europeos de seguridad interna y reclaman actuar militarmente contra el ISIS fuera de Europa. Han determinado que Europa está en Guerra y señalan a un enemigo difuso, al terrorismo. Un enemigo que no ataca a personas concretas sino a nuestros “valores”.

Pareciera que las instituciones europeas son piedras inamovibles o rutilantes frases grabadas en ellas y que estuvieran siendo atacadas por un enemigo exterior. Las instituciones no son piedras, son personas. Las que están ahora dirigiendo esas instituciones (públicas y privadas, como los propios medios de comunicación…), las que lo hicieron antes y las que vendrán después. Son sus ideas y sus decisiones las que fortalecen o debilitan esos valores que, aseguran, “todos los europeos compartimos”. Las personas asesinadas son, en primer lugar personas concretas, individuales, que viven aquí, en Europa y en sus ciudades y que se supone, deberían estar protegidas por esas otras personas que dirigen nuestras instituciones o forman parte de su enorme red administrativa, burocrática y social.

No hay, apenas, un atisbo de autocrítica. Parecemos cómodos al “señalar” como culpable a un enemigo exterior y sin embargo, el “enemigo” no está fuera, no está lejos. Han sido europeos los que han matado indiscriminadamente a otros europeos. Habría que preguntarse el porqué y, me parece, que ya no sirven las respuestas místicas invocando fanatismos religiosos o locuras colectivas.

Pareciera que los profetas de bélicos desastres apocalípticos, que no hace mucho enarbolaban pancartas y se enfundaban la multicolor bandera de la Paz como exclusiva y propia, estuvieran en un proceso de conversión paulina y concluyen lapidariamente: Europa está en Guerra. Certifican una realidad pragmática y cómo estamos en guerra, en una guerra no querida pero que nos la han declarado otros, tendremos que defendernos e ir decididos y unidos todos a la guerra.

Confieso que esta deriva del pensamiento que llaman progresista me da escalofríos. Sobre todo porque no veo en ella ningún atisbo de lógica, sinceridad y mucho menos de autocritica. Como suele decirse, parecen capaces de defender una cosa y la contraria al mismo tiempo. Señalan ahora, por ejemplo, que uno de los principales problemas de Europa es la Inmigración o la regulación de los flujos migratorios. No es verdad. La inmigración no es un problema, el problema es cómo se ha tratado la cuestión de la inmigración en muchos países europeos.

¿Se acuerda alguien de aquellos “Estados generales de la inmigración” propugnados por un elocuente y bien intencionado ministro francés? ¿Hablamos de ese “multiculturalismo”, importando, allende las Américas del Norte, que interpreta la tolerancia y la convivencia sobre la base de un falso respeto y falsa tolerancia a culturas falsas, cuasi prehistóricas y tribales, que vulneraban, y aún lo hacen hoy, los más elementales derechos de las personas: el de la vida, el de la integridad física, el de expresión, el de reunión, el de asociación, el de afiliación política o sindical, el de elegir su propio credo o disentir de él o no tener ninguno, la igualdad de hombres y mujeres…? ¿Hablamos de los guetos provocados por esa falsa tolerancia multicultural, además alimentados por el desempleo y la crisis fruto de malas políticas?

La inmigración no es un problema, siempre será una oportunidad para las sociedades abiertas y libres. El problema es la Integración o mejor dicho, la falta de integración.

¿Estamos los europeos orgullosos y defendemos una cultura y valores, la nuestra, los nuestros, que son fruto inacabado precisamente de la integración espontánea, de una aculturación milenaria, que ha ido incorporando lo mejor de lo que nos ha venido o hemos ido a buscar?

¿Acaso nuestras instituciones públicas y privadas, nuestros estados y sus burocracias y nuestra sociedad defiende y reafirma siempre nuestro sistema de valores democráticos: la vigencia de la ley, el estado de derecho, la separación de poderes, el pluralismo político, la libertad, la Paz y tantos otros retos inacabados de las sociedades libres y abiertas…?

Si, la Paz es también un valor intrínseco a las sociedades libres y abiertas. La Guerra no es una opción. Ni la guerra dentro, ni la guerra fuera… para poner lejos de nuestras fronteras nuestros propios problemas de seguridad.

Con todo lo que está pasando parece ingenuo decir esto. Cinco años de guerra en Siria y otras muchas guerras y conflictos de muchos años están provocando una oleada de refugiados y desplazados. Europa se fustiga por su falta de acción o sus acciones desafortunadas. Somos para los otros y nosotros mismos, el problema y la solución al tiempo. Han descubierto, algunos, que la Guerra es inevitable y trazan hojas de ruta y estrategias geopolíticas. Pero la Guerra no es la opción acertada por la simple razón de que la Paz es un bien a defender y proteger.

No está inspirada esta convicción en ese invento onusiano de la alianza de las civilizaciones, tan ineficaz como propagandístico y germen de populismos de izquierda empobrecedores y totalitarios. Hoy los “aliancistas” nos reclaman a la guerra… y es natural que desconfiemos…pues la única opción es la Paz y la Paz se defiende y construye, no solo desde el tan manido “dialogo”, también defendiendo y construyendo nuestros valores no abdicando de ellos y por eso mismo, desde el respeto al distinto, al diferente, al extranjero, o al que no piensa igual.

En Europa hay europeos que no quieren la Paz, ni la democracia, ni la libertad y por eso matan y asesinan. Fuera de Europa hay gente que alienta la guerra, el odio y la violencia y dentro también…. La opción no es hacerles la guerra ni a los de dentro ni a los de fuera, sino aplicar y defender nuestra democracia y nuestras leyes, con rigor, con firmeza, con inteligencia. Y sobre todo, defender y proteger a las personas. A todas las personas, las que están dentro y las que quieren venir, a cuantos nos piden asilo y refugio.

No es el tiempo de políticas mediocres y tampoco de demagogos populistas que atacan nuestra democracia desde dentro para encaramase al poder y educarnos en sus verdades totalitarias para robarnos la libertad. Digamos una frase bonita y correcta: es el tiempo de Europa, de más Europa. Hagamos un poco de autocrítica y digamos mejor: es el tiempo para que los 28 estados que hoy integran la Unión Europea se apresten decididos a defender y proteger a las personas que vivimos en Europa, nuestra seguridad, nuestros valores y nuestras libertades pero solo con la Ley y nada más que con la Ley.

La guerra no es la opción.
 

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