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Avance de la pseudo-democracia en África

Que África es un foco permanente de inestabilidad es algo que hemos descrito y denunciado en editoriales precedentes. El desarrollo de los meses de julio y agosto, nos ha reafirmado en esta tesis.

Editorial
Mauritania se ha incorporado al grupo de países cuya democracia es inestable. De Zimbabwe no podemos decir que sea un régimen democrático, se hace incluso complicado determinar su tipología política, ¿dictadura?, ¿dictadura encubierta? ¿dictadura consentida como mal menor? En función de los últimos desarrollos, quizás ésta última sea la mejor etiqueta.

Tras vivir durante más de 40 años un régimen militar, en ocasiones liberticida, parecía que Mauritania había apostado definitivamente por la democracia. Sin embargo, tres años después, al primer atisbo de parálisis política la solución ha sido el golpe de estado por parte de los militares y la incertidumbre la nota caracterizadora del futuro a corto y medio plazo.

La situación se hace más preocupante si añadimos que un buen número de diputados y senadores, elegidos de forma democrática, han secundado el modus operandi de los militares quienes han afirmado que no tienen vocación de permanencia en el poder. Su promesa de convocar elecciones, aunque con fecha por determinar, añade dosis de desconfianza.

¿Qué decir de Zimbabwe? Más de lo mismo. No debemos dejarnos llevar por la grandilocuencia de conceptos como “acuerdo”, “dialogo”, “negociación” entre gobierno y oposición. En primer lugar, porque cuando se habla de poder ejecutivo, el sujeto es Mugabe, vulnerador de derechos humanos y adalid del fraude. Cuando de la oposición se trata, este role ya no lo juega en exclusiva el Tsvangirai sino un sección minoritaria de su partido (MCD) liderada por Arthur Mutambara, cuyo protagonismo ha aumentado durante el desarrollo de las negociaciones.

El acuerdo entre Mugabe y Matumbara no creemos que signifique el final de la crisis o de los problemas del país, en especial si no es suscrito finalmente por Tsvangirai. Será una autopista hacia la inestabilidad.

No podemos ni debemos olvidar que todo pacto que dé como resultado que Mugabe permanezca en el poder o detente alguno de sus resortes, estará viciado por principio. En última instancia hará que saquemos la triste lectura de que el fraude, la amenaza, el chantaje o la extorsión en determinados escenarios, no sólo circunscritos a África, garantizan el poder.

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