En sus primeros 100 días, Benedicto XVI tuvo que enfrentar el reto de una grave acusación del Estado de Israel.
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Martes, 21 de julio 2026

En sus primeros 100 días, Benedicto XVI tuvo que enfrentar el reto de una grave acusación del Estado de Israel.
Editorial
En sus primeros 100 días, Benedicto XVI tuvo que enfrentar el reto de una grave acusación del Estado de Israel por no haber mencionado los atentados suicidas contra ese país en Netanya.
El Ministerio de Asuntos Exteriores de Israel convocó al arzobispo Pietro Sambi, nuncio apostólico en Israel y delegado apostólico en Israel, para protestar porque el pontífice no había hecho referencia explícita al condenar el terrorismo al atentado de Netanya, en el que murieron cinco personas el 12 de julio, reivindicado por la Jihad Islámica.
Sin embargo, el Vaticano frenó en seco la consternación las autoridades israelíes y categóricamente expresó su rechazo a las “enseñanzas o directivas” de cualquier “otra autoridad” sobre la “orientación” de sus declaraciones. Calificó de “infundadas” las acusaciones contra el Pontífice por no aludir específicamente al atentado del 12 de julio contra la ciudad de Netanya y recordó las “numerosas y públicas” condenas de Juan Pablo II a los ataques contra Israel.
El mensaje de la Santa Sede era muy claro. Así como el gobierno israelí comprensiblemente no se deja dictar por otros lo que tiene que decir, tampoco la Santa Sede puede aceptar recibir “enseñanzas o directivas de alguna otra autoridad sobre la orientación y los contenidos de las propias declaraciones”, como señalaba el comunicado. Y lo más importante es que Benedicto XVI condena y siempre condenó el terrorismo, independientemente de su origen.
Como para que no quedara espacio para las suspicacias, Joaquín Navarro Valls publicó un comunicado en el que afirmaba: “por lo que respecta a las reacciones por parte de Israel al hecho de que en el Ángelus del domingo 24 de julio, el Santo Padre no hubiera mencionado también a Israel, junto a los otros países, hago presente que las palabras de Benedicto XVI se referían expresamente a los atentados de “estos días”.
A estas alturas, con toda una obra escrita a sus espaldas a favor de la promoción del diálogo entre culturas, religiones y civilizaciones, el Papa Benedicto XVI no puede ser sospechoso de callar frente a ciertos actos terroristas y de reprobar otros. Por la simple razón de que siempre ha condenado la violencia fanática. Dada la infatigable lucha de Ratzinger frente a los fundamentalismos sería una contradicción condenar a unos y pasar bajo silencio a otros.
El pluralismo ecuménico que le imprime a su papado no sólo involucra el diálogo con la comunidad judía sino también un firme deseo de unificar a los cristianos y abrirse particularmente a los ortodoxos. Tanto en su primera homilía pontificia como en su primer viaje, el Papa se comprometió a cerrar la grieta de 1000 años con los ortodoxos como un compromiso “primordial”, lo cual fue recibido con beneplácito por los líderes ortodoxos.
Dado que son numerosísimas las intervenciones de la Iglesia, del magisterio de los sumos pontífices y del Papa Benedicto XVI en la condena de cualquier tipo de terrorismo, independientemente de donde venga y contra quien vaya dirigido, acusar a Ratzinger de no condenar el salvaje ataque de Netanya es una provocación innecesaria por parte del Estado de Israel.
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