Berlusconi no ha podido con la presión internacional y ha decidido olvidarse de exigir que los gitanos sean los únicos que aporten sus huellas dactilares en sus documentos identificativos. Ahora las tendrán que aportar todos los italianos.
Toda la población deberá dar las suyas
La comunidad internacional ha sido criticada por el Parlamento Europeo así como por Rumanía, de donde proceden muchos de los gitanos, y por grupos religiosos que han comparado la iniciativa con el marcado que hicieron los nazis.
El comité parlamentario acordó ayer que, desde 2010, todos los documentos identificativos incluirán las huellas del titular. La medida todavía no ha sido aprobada por el Parlamento.
El primer ministro italiano sigue convencido de que es muy difícil identificar a los gitanos, porque algunos de ellos podrían no figurar en el censo, lo que hace muy difícil su localización si cometen un delito. La discriminación y no tanto las huellas es la que ha provocado un fuerte revuelo.
El Defensor del Pueblo italiano consideró que deben evitarse las medidas “basadas en criterios discriminatorios, especialmente si son étnicos o religiosos”, por lo que dio a entender que la decisión del Gobierno sería correcta si se universalizase la petición de las huellas.
El primer ministro Silvio Berlusconi ganó las elecciones de abril con la promesa de luchar contra el delito, que muchos italianos consideran responsabilidad exclusiva de los inmigrantes. La medida podría ayudar, según el Ejecutivo a terminar con los campamentos de gitanos, que concentran una parte importante de su población, que asciende a 140.000 personas.
Acabar con las concentraciones urbanas de los gitanos podría mejorar la integración de los niños y sus niveles de asistencia a la escuela. Es necesario que, según Berlusconi, estos “ciudadanos europeos” no se queden al margen de Europa.
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