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Brasil decide su futuro político

Editorial
Mañana son las elecciones en Brasil, la segunda vuelta, y el pueblo deberá elegir entre dos opciones originalmente antagónicas pero que, en los hechos, pueden resultar bastantes parecidas. La moderación de Lula (sobre todo en materia económica) y la natural postura de centro de Alckmin, no ofrecen un matiz tan diferenciado como se podía prever. Sobre todo por el tipo de gestión que mantiene Lula, y que dista de coincidir con los encendidos discursos populares de la primera hora. “Humildemente reconozco que hicimos cosas equivocadas. Pero humildemente reconozco que este país mejoró de forma extraordinaria comparado a los ocho años de gobierno de ellos (la socialdemocracia)”, dijo Lula.

Ahora claro, existen diferencias y no muy sutiles. Alckmin viene arropado por el ex presidente Cardoso, con un discurso netamente aperturista y más pulcro desde el punto de vista institucional. Es decir, apunta al corazón mismo de la debilidad de Lula, que es la desprolijidad con la que su partido, y su propio conocimiento claro está, han manejado la cuestión pública. A Lula no se lo confronta por las extravagancias políticas que se esperaban de él (aunque algunas existieron –como el acoplamiento a la retórica chavista) sino por los presuntos casos de corrupción muchas veces escandalosos y algunas veces comprobados (recuérdese el caso de la valija cargada de dólares secuestrada en manos de un dirigente oficialista).

Así las cosas, es lógico que los brasileños duden, y que Alckmin haya recuperado velozmente un caudal electoral que parecía insuficiente. Forzó una segunda vuelta y con ella demostró dos cosas: que el pueblo brasileño no otorga cheques en blanco a ningún dirigente (sea Lula, Cardoso o quien sea) y que, efectivamente, la posibilidad de que la socialdemocracia acceda al poder es realmente cierta. “El Lula de los pobres se convirtió en el Lula del lujo, el del (avión presidencial) Aerolula, el Lula de los trabajadores se convirtió en el de los banqueros, y el Lula de los movimientos democráticos se convirtió en el hombre que ahora anda con Delfim Netto (ministro de la dictadura militar)”, enfatizó Alckmin.

Hace unos meses era improbable, sino imposible, pensar en algún candidato que le hiciera sombra a Lula y aún, que le disputase la presidencia. Pero está claro que la política regional está cambiando, que la sociedad civil está mucho más atenta a lo que sucede con el manejo del Estado y que, como dijo Cardoso hace poco en Madrid, nadie regala nada luego de tantos años de administración irresponsable.

Los pronósticos son variados y el resultado, ciertamente impredecible. Diario Exterior publicó un informe de Fundación Atlas en el que Alckmin aparecía con mayores posibilidades, pero esto es absolutamente provisional y habrá que esperar a los escrutinios para saber qué destino asumirá la política brasileña.

Estas elecciones, finalmente, son fundamentales no sólo para el pueblo de Brasil, sino para toda la región desde que este país es el más grande en todos los aspectos. Es económicamente influyente, y gravitante en el plano externo. Las decisiones que adopte el gobierno en materia de comercio exterior, por ejemplo, afectan a toda la región que depende de ese mercado para insertar sus productos, y de esa fuerza para estimular la competencia.

Además hay dos aspectos que marcarán una tendencia en el plano externo, y que son esenciales de la práctica exterior: la relación con los EEUU (normalmente de alineamiento) y el seguidismo que pueda ejercer el gobierno a la política del populista Chávez.

Diario Exterior seguirá detalladamente la evolución de los comicios que prometen ser emocionantes, y amplios para el análisis y la lectura política.

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