Parece que el primer ministro británico ha encontrado la fórmula para llevar a cabo una medida popular y que al mismo tiempo impulse una economía, la británica, que esta rozando la recesión. Primero, eliminará el impuesto que grava la compra de las viviendas y después ayudará a las familias que ya no pueden pagar sus hipotecas.
Una medida popular
Brown quiere evitar que las crisis inmobiliaria y financiera se retroalimenten entre sí haciendo que la economía británica entre en un círculo vicioso de recesión. Si los bancos han endurecido las condiciones de sus hipotecas porque no tienen dinero para prestar, entonces no quiere que sus clientes les respondan dejando de pagar lo que deben.
Si los precios del ladrillo no se desploman, la bajada de los impuestos podría ser un factor importante para que la crisis minimizara sus efectos sobre todo el sistema. Para eso, deberían continuar con la senda descendente hasta un punto en el que los precios sean atractivos y los compradores vean en ellos y en la falta del tributo una oportunidad para invertir sus ahorros.
Hasta ahora, las personas que compraban una casa por valor de entre 125.000 y 250.000 libras debían pagar un 1% de su precio por el impuesto que va a derogar Brown, que se eleva al 3% en aquellas propiedades que superen las 250.000 libras, y el 4% si la casa vale más de 500.000 libras.
Este recorte conseguiría la cuadratura del círculo para Brown. Haría que bajar más los impuestos a los que más tienen, que son los únicos que pueden reflotar la economía si destinan sus grandes recursos a la inversión, se convirtiera en algo popular, porque es una reducción que afecta a todas las familias que nunca han podido acceder a un piso.
La imagen de una libra que no deja de despeñarse frente al valor del euro parece ser la imagen que todos los inversores británicos tienen en mente cuando el Gobierno les habla de un paquete de medidas capaces de resolverlo casi todo. La pérdida de valor de la divisa el Reino Unido podría hacer que las ayudas cifradas en 1.000 millones de libras, que parecían suficientes antes del verano, ahora se queden cortas.
Pero la caída da libra tiene un aspecto positivo. El abaratamiento del dinero impulsará la inversión y, como existe una grave crisis en ciernes, también el ahorro. Todo esto permitiría un acceso más fácil al dinero por parte de los bancos y, en segundo término, a los que necesiten endeudarse. Pero esta caída también tiene un efecto muy negativo y es que cualquier rebaja de los impuestos quedará diluida por el aumento de los precios de los bienes que, al ser la moneda más barata, podrían seguir disparándose bien apuntalados por la crisis mundial de los alimentos.
// OTROS TEMAS QUE TE PUEDEN INTERESAR