El presidente estadounidense, George W. Bush, defendió de nuevo este viernes las libertades en China, cuando ya se encontraba en Pekín para asistir a la ceremonia inaugural de los juegos. El presidente americano denunció la situación de los derechos humanos y la inexistente libertad religiosa.
En China
“Continuaremos siendo francos en cuanto a nuestras responsabilidades mutuas globales, (…) a ser francos en cuanto a nuestra convicción de que todos deberían ser libres para decir lo que piensan y para practicar la religión que quieran”, aseguró Bush.
El gobierno chino y Bush han tenido dos importantes encontronazos en los últimos días. Ayer le acusaron de interferir en los asuntos internos de China después de que denunciase la falta de libertad religiosa y las permanentes infracciones de los derechos humanos.
La semana pasada, después de que Bush recibiera a un grupo de disidentes chinos y de que impulsara una iniciativa en la Cámara de Representantes que condenaba los atropellos del régimen comunista, el portavoz del ministro de Asuntos Exteriores dijo que la “conducta” del presidente americano había sido “odiosa”.
Las iniciativas de Bush parecen querer contradecir la intención de las autoridades comunistas. Para ellas, los Juegos Olímpicos deben convertirse en la escenificación de la llegada de China al concierto de las potencias mundiales.
El prestigio conseguido tras más de dos décadas de “ascenso pacífico”, que llegó a eclipsar el de Estados Unidos en sus momentos de más baja popularidad, iba a reforzarse con la organización de las Olimpiadas. No esperaban los dirigentes del Partido que fueran precisamente los Juegos la lente que aumentaría los abusos contra los derechos humanos de China ante el mundo.
“Lo último que querían las autoridades chinas era tener que detener a unos activistas por los derechos humanos en la misma plaza de Tiananmen que, en 1989, fue escenario de la represión de sus militares. Se suponía que el aplastamiento de las revueltas estudiantiles que ocurrió hace 20 años y que le valió a China su aislamiento internacional iba a ser el reverso de la moneda de estos Juegos Olímpicos por los que el país volvía al concierto de las grandes potencias”, afirma un analista a Diario Exterior.
El presidente estadounidense también manifestó la firme oposición de Estados Unidos a la encarcelación de disidentes, de defensores de los derechos humanos y de militantes religiosos.
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