Editorial
Las elecciones legislativas de hoy en los Estados Unidos serán más significativas de lo esperado en tiempos normales. La difícil situación en Irak y los fuertes cuestionamientos hacia la política exterior del Presidente, hacen que se transformen en un verdadero plebiscito sobre la política de Washington.
La Casa Blanca ha querido mostrar seguridad ante estas elecciones parciales, y rebajar la intensidad del debate, aún cuando el resultado sea un indicador relevante para las futuras elecciones generales.
Bush ha recurrido al tradicional discurso republicano de mejor y más afectiva administración frente al descontrol que significaría una gestión demócrata en un mundo necesitado de fuerte liderazgo. “Lo último que necesitan las familias
estadounidenses y los pequeños negocios es una mayor carga impositiva y eso es lo que obtendrán si los demócratas obtienen el control del Congreso”, disparó el Presidente.
La estrategia republicana se centra en dos aspectos esenciales: la defensa nacional frente a una amenaza terrorista que consideran inminente y que ha desembocado en un estado permanente de conflicto; y el fortalecimiento de una economía que respondió firmemente a las variaciones del mercado, y cuyo comportamiento frente a las tensiones externas fue siempre robusto.
Bush apeló a la conciencia del norteamericano medio (y aún conservador) a respaldar este liderazgo y a no dejarse convencer por la retórica del democratismo que espera una debacle en Irak y el fracaso de su doctrina exterior. “Muchos de nuestros ciudadanos están justificadamente preocupados por Irak. Pero lo que el enemigo no entiende de este gobierno y millones de estadounidenses es que no huiremos”, afirmó el mandatario.
La condena a muerte sancionada ayer contra Sadam Husein dio nuevo impulso a esta postura oficial y constituyó –según aseguran en el Partido Republicano- una convalidación de la política exterior del Gobierno. Condoleezza Rice se apresuró a afirmar que “la condena es un recordatorio de que el mandato de la ley puede triunfar sobre el miedo”.
Los demócratas desean –por su parte- un cambio radical. Las mayores críticas apuntan a los errores de estrategia que –dicen- cometió el Gobierno en el control de la guerra en Irak, y en el diseño de toda su política exterior. Ven al Presidente incapaz de reconducir un proceso que califican como “fuera de control” y cuestionan su obstinación en mantener a Donald Rumsfeld como responsable de la defensa nacional. En las últimas horas, la Casa Blanca ha debido respaldar al Secretario de Defensa frente a cuestionamientos recibidos desde múltiples frentes.
El propio Richard Perle, ex asesor de la Casa Blanca en materia de inteligencia, dijo que “las decisiones que se debieron tomar nunca se tomaron o no se hicieron a tiempo”. A ello se sumaron las declaraciones del influyente ex funcionario del Pentágono, Kenneth Adelman, quien sostuvo que el equipo de
seguridad nacional “resultó ser uno de los más incompetentes de la postguerra”.
Las elecciones de hoy constituirán un verdadero plebiscito sobre estos y otros temas. Revelarán además la opinión de los norteamericanos sobre el rumbo del Gobierno y cuál es el respaldo electoral con el que efectivamente cuenta.
Desde el inicio de la guerra en Irak y luego del lanzamiento de la llamada “doctrina Bush” las especulaciones sobre el consenso que ésta obtendría en la sociedad fueron incontables. La contienda legislativa despejará esta incógnita, y obligará –a más de uno- a revisar sus predicciones sobre el comportamiento del electorado estadounidense.


















