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Chávez apuesta por la represión y Uribe por la democracia.

Este domingo hemos asistido a la enésima salida de tono del Presidente venezolano. Apelar a sacar los tanques se está convirtiendo en parte normal de su discurso. Como nadie dice o hace nada, la bestia sigue creciendo. Por el contrario, Uribe en México defendió la libertad, la seguridad y la cohesión social.

Editorial

Se acerca del 23 de noviembre y el caudillo bolivariano está cada vez más nervioso. Las cortinas de humo se le agotan. Ya no puede recurrir a Bush y cargar las tintas contra la oligarquía no tiene la significación de antaño.


 


Venezuela y sus elecciones municipales cobrarán protagonismo creciente en las dos próximas semanas. Los sondeos dan excelentes resultados a la (dividida) oposición. Entre cuatro y cinco Estados. De confirmarse, las dificultades de Chávez para imponer se verán limitadas y tal escenario no es de su agrado. Que pondrá todos los medios de los que dispone, legales e ilegales, para evitarlo es algo fuera de toda duda. Su defensa de la confrontación es tan visible como peligrosa.


 


Chávez sigue apostando por la revolución sin reconocer que el camino hacia el socialismo del siglo XXI, aunque igual de dictatorial que el del siglo XX, provoca únicamente que las necesidades básicas de sus compatriotas estén insatisfechas. Conforme los precios del petróleo bajen más, sus dificultades “en casa” aumentarán como también lo harán las de sus aliados más cercanos, cuya dependencia del subsidio venezolano es cada vez mayor.


 


Uribe desde que llegó al poder apostó por solucionar los problemas de su país y no por el protagonismo mediático. El resultado: las FARC cada vez más debilitadas en Colombia y en el exterior. Ha gozado de la ayuda internacional y la ha aprovechado. Ha logrado que con sus actuaciones dirigentes como Chávez hayan olvidado (¿o aparcado?) el apoyo que antaño daban al terrorismo colombiano con la única finalidad de desestabilizar a su vecino.


 


Hace muy bien Uribe en apuntar el carácter dictatorial que tienen los gobiernos de izquierdas en América Latina. No ha dado nombres pero están en la mente de todos. Venezuela, Bolivia o Nicaragua defienden un discurso cercenador de las libertades y contrario a la creación de riqueza. Está claro es que estamos ante dos modelos políticos diametralmente distintos en América Latina.


 

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