El Presidente venezolano sigue con su intensa campaña de cara a las elecciones municipales del 23 de noviembre. Éstas serán más disputadas que las de 2004. La oposición tiene muchas opciones de mejorar sus resultados con respecto a aquéllas, aunque para que ello suceda se deberán respetar los stándares democráticos.
Editorial
Intensas semanas lleva el caudillo de Caracas. Primero, con su negativa a acudir a la Cumbre Iberoamericana (había un plan para asesinarlo…de la CIA, naturalmente). Después sus reuniones, contactos y acuerdos con Rusia; luego “aconsejando” a Obama. Y finalmente, con la campaña electoral en su país.
En cada uno de estos escenarios, no ha dicho nada nuevo. El mensaje del chavismo es conocido por reiterativo y porque, seamos sinceros, no aporta nada nuevo politológicamente hablando. Es una mezcla de autoritarismo, de demagogia izquierdista y de centralización a la soviética, recetas que en el siglo XX demostraron su capacidad para arrastrar a la miseria en cuantas sociedades se impusieron.
Sin embargo, el líder venezolano apuesta por ellas “pariendo” así el socialismo del siglo XXI, en cuyo nombre hace la revolución. Dos conceptos obsoletos, socialismo y revolución, que cuando tuvieron apogeo en el siglo XX, dieron como resultado privación de libertad. La historia y sus errores son dos desconocidos para Chávez.
Ahora amenaza con sacar los tanques y con meter en la cárcel a sus opositores, especialmente a Rosales y Ramón Martínez, éste último otrora chavista y hoy uno de sus críticos más feroces. Sucre y Maracaibo serán, por tanto, dos escenarios fundamentales.
El dirigente bolivariano recurre a la función mesiánica que se ha asignado, la de defensor del pueblo, al que trata de prevenir frente a la burguesía y la oligarquía. Para ello emplea un lenguaje de corte marxista que incurre en un liberticidio: no respetar la voluntad del pueblo si éste no le vota. No nos extraña este punto de vista pues es propio de la democracia a la soviética, donde las elecciones estaban concebidas como un instrumento de refrendo al servicio del PCUS.
No podemos terminar sin exponer un aspecto que consideramos capital: la ausencia de reacción alguna por parte de los organismos internacionales. La UNASUR, la ONU o la UE…consienten todas y cada una de las bravatas y amenazas del chavismo. ¿Por qué? Nadie apercibe al soberano del petróleo. Reiteramos: la táctica del apaciguamiento sólo estimula a la bestia. La Comunidad Internacional no puede obrar a lo Chamberlain en 1939.
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