La Policía china detuvo ayer a seis personas sospechosas de producir y comercializar melamina. Este componente, que se utilizaba para adulterar la leche y sus derivados, ha provocado la intoxicación de más de 50.000 niños chinos y la retirada, por parte de las autoridades europeas, de unos caramelos que podrían estar contaminados.
Con ella se adulteró la leche
Los arrestos se produjeron en Hohhot, capital de la región norteña de Mongolia Interior, que es de donde procede la mayor parte de la leche que se consume en China. La atención de las autoridades comunistas se ha fijado en Yili y Mengniu, que son dos de las compañías que más lácteos producen.
Sin embargo, la agencia Xinhua no aclaró si los detenidos tienen relación con alguno de las firmas. Tian Min, vicesecretario general del gobierno municipal, aseguró que los resultados de la investigación se harán públicos en cuatro o cinco días.
En las últimas cuatro semanas, son más de 50.000 los niños que han empezado a sufrir problemas de riñón, sobre todo piedras. Han fallecido más de tres por ingerir grandes cantidades o por tener un sistema inmunológico muy débil, algo frecuente en los lactantes y también en las familias pobres.
Estas detenciones se suman a las de la semana pasada, cuando 22 personas fueron arrestadas en la provincia de Hebei por sospechas de que estaban envueltos en una red que producía melamina y la vendía a granjas lácteas.
Comunidad internacional
La reacción en la Unión Europea y en España en particular ha sido contundente. Aunque muchos de los productos chinos no se consumen, lo cierto es que en algunas tiendas sí se comercializan caramelos White Rabbit, que podrían estar adulterados. Los inspectores sanitarios de Valencia, Murcia, Sevilla y Madrid ya se han incautado de varias cajas.
La comunidad internacional en general ya había reaccionado previamente ante la falta del cumplimiento de los requisitos mínimos por parte de los productores chinos de alimentos. El propio John McCain les recordó a las autoridades que para disfrutar de las ventajas de un comercio creciente debían someterse a los estándares de calidad occidentales.
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