Política

China detiene y expulsa a ocho extranjeros que defendían la independencia del Tíbet

Ocho estadounidenses, que se manifestaron a favor de la independencia del Tíbet, fueron detenidos por las autoridades chinas y luego expulsados del país. Según la organización Estudiantes por un Tíbet Libre (SFT), quedarían dos extranjeras todavía en los calabozos chinos

Eran estadounidenses
Un comunicado de Estudiantes por un Tíbet Libre (SFT), ha valorado positivamente la liberación de los ocho turistas estadounidenses que, después de que las autoridades chinas se pusieran en contacto con su embajada, fueron enviados directamente a su país de origen.

Sin embargo, quedan por liberar, aclara la organización, la británica Mandie McKeown y la alemana de origen tibetano Florian Norbu Gyanathang. También han denunciado que la policía del régimen comunista ha secuestrado a algunos de sus miembros poniéndolos bajo “arresto domiciliario”, haciéndolos “desparecer” o encerrándolos en “campos de reeducación”.

“Un gobierno totalitario reacciona de un modo muy sencillo ante la disidencia interna: o los detiene y encarcela para castigarlos por su deslealtad al Partido, o les impone una pena de muerte por alta traición o los deporta a un campo de prisioneros donde, a base de trabajos forzados y torturas de diverso grado, terminarán expresando públicamente que se equivocaron al defender las libertades y que ni siquiera merecen vivir”, afirma un analista a Diario Exterior.

Entre los liberados y expulsados en las últimas horas figuran Jeremy Wells y John Watenberg, detenidos el 21 de agosto junto a McKeown y Norbu, cuando desplegaron una bandera tibetana cerca del estadio olímpico en nombre de la organización estudiantil. Los otros seis liberados, detenidos el 19 de agosto, son James Powderley, Brian Conley, Jeffrey Rae, Jeffrey Goldin, Michael Liss y Tom Grant.

Final de los Juegos Olímpicos


Ayer terminaron los Juegos Olímpicos de Pekín después de dos semanas en las que China se ha mostrado al mundo como un país desarrollado una futura potencia mundial. Las semanas anteriores al evento estuvieron llenas de detenciones de activistas y defensores de los derechos humanos tanto extranjeros como nacionales. Los que escribían sus opiniones en contra del régimen en la prensa internacional eran calificados de “ciberdisidentes” y sometido, como mínimo al arresto domiciliario.

Amnistía Internacional publicó en un informe que China había aprovechado los Juegos Olímpicos para endurecer su represión contra los opositores. Este informe provocó que muchos países, y sobre todo Estados Unidos, les pidieran a las autoridades del Partido Comunista que no siguieran por ese camino.

Los deportistas tampoco han tenido libertad de expresión durante los Juegos. El presidente del Comité Olímpico Internacional, Jacques Rogge, les advirtió que todos los que atrevieran a expresar cualquier discrepancia política con el régimen serían enviados de vuelta a sus casas sin ni siquiera competir. En un primer momento, la policía china no les iba a dejar que accedieran a las páginas de Internet censuradas desde las instalaciones olímpicas.

La prensa extranjera en China también ha reconocido a través de Reporteros Sin Fronteras que los corresponsales se vieron limitados, al menos durante los meses previos a los Juegos, su capacidad para informar con objetividad e independencia por las autoridades chinas.

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