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Claros y oscuros de la Cumbre de las Américas

El tan esperado encuentro de Obama con los líderes latinoamericanos concluyó. Mucha expectación pero a nivel de resultados sólo hemos visto un cambio de actitud por parte del Presidente norteamericano. La Alternativa Bolivariana sigue anclada en sus postulados ideológicos.

Obama ha sido el gran protagonista de la Cumbre. Como sucediera en otros escenarios geopolíticos (Asia Pacífico o Europa, por citar sólo algunos ejemplos) es mucho lo que se espera de él. No ha defraudado: si antes de acudir a Trinidad y Tobago anunció medidas que afectaban (positivamente) a Cuba, durante su desarrollo ha mantenido un diálogo de igual a igual con los allí presentes. El clima dialéctico, por tanto, no ha sido el de otras veces. El intercambio de reproches pertenece al pasado. Éste, quizás, ha sido el gran logro.

Estados Unidos está dispuesto a tener presente a sus vecinos. Es de esperar que las relaciones políticas, económicas y culturales entre ellos entren en una nueva etapa, ni mejor ni peor con respecto a los años de Bush, simplemente distinta. La Casa Blanca no va a cambiar su ránking de prioridades en lo que a política exterior se refiere: Afganistán, Irak y Oriente Medio, en este orden, ocupan el pódium.

Sin embargo, pese a este cambio de actitud de los actores implicados, no podemos dejar pasar otros aspectos de la Cumbre. El principal, el protagonismo de la “ausente” Cuba pero con portavoces autorizados en Puerto España. En efecto,  Chávez, especialmente, pero también Cristina Fernández de Kirchner, han sido los embajadores del liberticida régimen de La Habana, y aunque sin la beligerancia (verbal) de los años precedentes, se han hecho notar.

El hecho de no firmar la declaración final por los integrantes de la Alternativa Bolivariana resta brillo a cualquier lectura positiva que pueda extraerse de esta Cumbre. Una vez más, los bolivarianos hablan de final del embargo pero ningunean a las víctimas del castrismo; elogian el cambio de actitud de Obama pero ellos siguen insistiendo en dar prioridad a conceptos obsoletos como “imperialismo” y, naturalmente, la crítica al castrismo sigue siendo la gran ausente de su léxico.

Estados Unidos ha dado el primer paso a la hora de variar el rumbo de sus relaciones con Cuba. Las reformas de Raúl Castro todavía se esperan. La prepotencia verbal de su hermano Fidel nos advirtió que la superestructura del régimen se mantiene inalterable.

 

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