Política

Controvertido reconocimiento a Chávez

Cabe preguntarse si el populista mandatario caribeño es el hombre indicado para defender los valores de la unidad y la integración latinoamericana que enaltece el premio José Martí.

Editorial
En noviembre de 1994 la dictadura castrista elevó la iniciativa del premio José Martí a la UNESCO para premiar a aquellos que hayan contribuido en cualquier lugar del mundo a la unidad e integración de los países de América Latina y el Caribe y a la preservación de su identidad, de sus tradiciones culturales y de sus valores históricos. La UNESCO, actual usina del pensamiento castrista con sede en París, aceptó gustosa la propuesta y desde ahí se dedicó a premiar a ignotos personajes de la cultura de izquierdas como el sociólogo mexicano Pablo González Casanova (2003), el pintor ecuatoriano Oswaldo Guayasamín (1999) o la historiadora dominicana Celsa Albert Bautista (1995).

Pero este año el agraciado ha sido ni más ni menos que el presidente venezolano Hugo Chávez, premiado, suponemos, por su infatigable labor por la causa socialista y el rocambolesco proyecto de unidad bolivariana que tan bien suena a oídos de la UNESCO y del Gobierno de Cuba. Cabe preguntarse si el populista mandatario caribeño es el hombre indicado para defender los valores de la unidad y la integración latinoamericana que enaltece el premio José Martí.

¿Habrán considerado los siete miembros del jurado sus descalificaciones a Vicente Fox, llamándolo “entreguista” y “cachorro del imperio”? ¿Es un ejemplo de espíritu de integración llamar a George W. Bush “asesino, genocida y loco”? ¿Debe premiarse sus desplantes a la Comunidad Andina de Naciones (CAN), integrada por Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia, por haber negociado tratados de libre comercio con Washington?

Más allá de la autopromoción del propio castrismo que significa este premio, (que como no podía ser de otra manera, Chávez recibirá en La Habana), es inadmisible que una organización que fue creada en 1945 con el ambicioso fin de construir la paz mediante la educación, la cultura y la comunicación , hoy sea una agencia de activismo político de marcada tendencia socialista. Es por ello, precisamente, que EEUU dejó de aportar desde 1984 su millonaria cuota de financiación al tomar nota de cómo la organización se había desviado de sus objetivos iniciales.

Además, hay que recordar que la sombra de corrupción también se posa sobre esta institución. Una auditoría realizada hace cinco años por el Gobierno de Canadá denunciaba que el amiguismo y el compadrazgo son un mal endémico en la UNESCO, ya que el 40% de los nombramientos que ahí se han realizado corresponden a personas que no han cumplido con los criterios de selección que normalmente son manejados en el Sistema de Naciones Unidas. El reporte también revelaba que el presupuesto bianual de 544 millones de dólares se destinaba a costear los honorarios estratosféricos de sus altos funcionarios y no las necesidades urgentes de los analfabetos del Tercer Mundo.

No nos cabe la menor duda que este premio nada tiene que ver con la memoria del poeta José Martí. Por el contrario, es un aplauso reconocido tanto de la dictadura totalitaria como de su organización satélite a quien se ha enfrentado con virulencia a Chile, Colombia, México y EEUU con tal de defender los valores que sustentan el ideario socialista. De ahí que sea vergonzoso que este premio cuente con el patrocinio de una institución a la cual se debería sancionar gravemente por desviarse de sus tareas primarias para auspiciar este tipo de iniciativas.

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