Contrasta la actitud de Cristina Fernández de Kirchner con la de Pedro Pablo Kuczynski.
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Sábado, 10 de octubre 2026

Contrasta la actitud de Cristina Fernández de Kirchner con la de Pedro Pablo Kuczynski.
La respuesta a la pregunta que hace de título de esta nota es obvia: depende dónde. En la Argentina, con personajes como la ex presidente Cristina Fernández de Kirchner, su seguridad personal depende de un escuadrón de policías y agentes de seguridad. A los que suma su propio grupo de “guardaespaldas”. Cobra la jubilación de un presidente, a la que hasta no hace mucho, sumaba, alegremente, una segunda: la de “viuda de un ex presidente”. Cobraba entonces, dos veces. Un total del orden de los 20.000 dólares mensuales, más gastos de distinta índole. Un platal, queda visto. Una remuneración alta para quien, en los hechos, destrozó la economía argentina, entregándola a su sucesor absolutamente exhausta. Y está empantanada en una larga serie de investigaciones judiciales por corrupción.
En Perú, en cambio, las cosas son siempre más recatadas y modestas. Al acceder a la presidencia del país andino, Pedro Pablo Kuczynski, su gobierno aprobó una directiva que recortó los beneficios que allí se otorgaban a los ex presidentes.
De aquí en más, sólo podrán tener una persona con carácter de auxiliar, con un sueldo del orden de poco más de 1.000 dólares mensuales. Antes contaban con tres personas con sueldos del orden de los 1.500 dólares mensuales. A lo que se suma unos 1.500 litros de nafta “para su movilidad”, que acaban de ser reducidos a la mitad. Antes se pagaban en efectivo, ahora con vales que se entregan en la respectiva estación de servicio.
Siempre en el Perú, los ex presidentes tienen una discreta pensión vitalicia, un poco mayor de los 3.000 dólares mensuales, un seguro de salud y un vehículo oficial que se les entrega en carácter de préstamo. Nada más.
La nueva directiva elimina la seguridad permanente que –además- se ponía a disposición de los padres, hijos y cónyuges de los ex presidentes.
En Perú, es evidente, todo se hace dentro de límites razonables, destinados no a enriquecer a los ex mandatarios, sino a asegurarles el decoro mínimo y la tranquilidad que su carácter de tales exige asegurar. Para aplaudir e imitar, por cierto.
Emilio J. Cárdenas
Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas
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