Un semana donde el nuevo estatuto de Cataluña y las avalanchas de inmigrantes fueron los temas más importantes.
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Martes, 21 de julio 2026

Un semana donde el nuevo estatuto de Cataluña y las avalanchas de inmigrantes fueron los temas más importantes.
Editorial
Comenzábamos la semana reseñando que Israel lanzó ataques aéreos en la Franja de Gaza después de que extremistas palestinos dispararan cohetes contra ese país, hiriendo a cinco personas. En la réplica israelí, un militante de Hamás resultó herido. El ejército dijo que tenía como blanco los depósitos de armas utilizados por el grupo terrorista en la ciudad de Gaza. En nuestra opinión, habí aque destacar que en Israel el Gobierno de Sharon, a pesar de las luchas intestinas que existen por el liderato de su partido, tiene a la oposición y los ultraderechistas en un puño, lo cual le permitió realizar la dolorosa desconexión de Gaza con éxito. Además, el ministro de Asuntos Exteriores, Silván Shalom, está realizando históricos acuerdos con sus pares de Pakistán, India, Turquía y Egipto para que Israel deje ser objeto de cólera en el mundo árabe. El asunto crucial es que Abbás no puede controlar a Hamás y a los fundamentalistas y eso fue lo que provocó la última escalada de violencia.
El martes dábamos cuenta de que la violencia también se cernía contra España de la mano de ETA. El gobierno español decía que iba dejar “ni respirar” a la banda terrorista ETA y que ejercerá contra ella “la máxima presión” hasta que abandone de forma definitiva la violencia, según palabras de la vicepresidenta, María Teresa Fernández de la Vega. De la Vega aseguró a los corresponsales españoles que sólo si ETA “abandona de forma inequívoca” la violencia, el gobierno español “entraría en la posición de hablar, de escuchar”.
Decíamos que la vicepresidenta se equivocaba. ETA respira muy bien gracias a los balones de oxígeno que le lanza el Gobierno con su plan de “negociación” y “diálogo” a espaldas de la sociedad española y a costa de las víctimas del terrorismo etarra. Recordemos que la Asociación de Víctimas del Terrorismo ha denunciado que el Gobierno no les dará las ayudas provenientes del IRPF porque, según dijo De la Vega, los miembros de la AVT, son unos “privilegiados”. Nos preguntábamos: ¿desprecio a las víctimas y concesiones a los verdugos?
El miércoles la noticia era que más de medio millar de subsaharianos habían querido saltar la valla de Melilla desde suelo marroquí. Del medio millar, sólo cien consiguieron sobrepasar el doble muro y alcanzar territorio español, siendo posteriormente detenidos. Seis miembros de las fuerzas de seguridad y doce inmigrantes resultaron heridos leves.
No es casual, decíamos, esta oleada masiva de inmigrantes ilegales en Melilla. Desde hace tiempo la comunidad autónoma viene denunciando que no cuenta con los medios adecuados para frenar estas sucesivas “invasiones” de ilegales provenientes de todas partes de África.
Además de contar el fracaso de las políticas migratorias socialistas, decíamos que el Gobierno de Zapatero parece decidido a no abordar la inmigración desde posiciones racionales y objetivas. Cuando lo hicieron, con el último proceso de regularización, actuaron a fuerza de demagogia e irresponsabilidad y lo que sucede en Melilla es fruto de ese grosero error de cálculo que fue el “papeles para todos” promovido por el ministro José Caldera. Gracias a esa medida precipitada, hoy los pasos fronterizos españoles son asediados por ilegales africanos y árabes provenientes no sólo de sus países de origen sino también de otros países europeos en los que no pudieron regularizarse producto de las férreas políticas de inmigración que implantan sus gobiernos.
El jueves comenzaba lo que sería finalmente la aprobación del nuevo Estatuto de Cataluña que introduce una serie de modificaciones radicales y anticonstitucionales que agravan seriamente la salud de las instituciones españolas. Según nuestro parecer la melancolía nacionalista, recitada por una pléyade de políticos chantajistas y adoradores del poder perpetuo, ha marcado la realidad política del último año y medio con amenazas de guerra civil que son sencillamente humillantes para España y sus habitantes. NI falta hace decir que este conflicto es un espejismo que disfraza la realidad cotidiana haciendo creer que miles de españoles quieren dejar de serlo. Esto es una farsa para impulsar un ansia de poder.
El viernes denunciábamos lo escandaloso de una política exterior que parecía diseñada por despachos extranjeros. La falta de coherencia del actual gobierno español se vio reflejada en no invitar a las delegaciones de Ceuta y Melilla a la Cumbre hispano marroquí para no irritar, presumiblemente, a Marruecos. Frente al actuar del Gobierno de Zapatero daría la sensación de que la política exterior española se diseña en Rabat y no en la Moncloa, dado que el presidente español parece más preocupado en agradar a la dictadura teocrática de Mohamed VI que de contar con el apoyo de dos ciudades autónomas españolas en una cita que les es de capital importancia.
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