El comentario
No hay derecho. Nos la han vuelto a meter doblada. Empieza a resultar irritante que un aliado de nuestro Gobierno, tan espacial, distinguido y predilecto, como es Obama nos haga un siete deportivo cada cuatro días. Si hace bien poco tiempo Obama apoyaba la sede de Chicago para organizar la Olimpiada de 2016 frente a la candidatura de Madrid (golpe bajo que ya fue puntualmente denunciado en este comentario), su bisoño equipo de fútbol nos endosa ahora dos goles en la Copa Confederaciones y pulveriza una racha de 35 partidos seguidos y más de dos años sin perder un encuentro por parte de nuestra selección nacional. Ignoro la reacción de Zapatero ante esta ofensiva norteamericana en toda regla, pero debería ir pensando en atenuar la efusión de su galáctico consorcio con el presidente norteamericano antes de que sea demasiado tarde.
Hay que reconocer que la derrota en el estadio de Bloemfontaine no disimuló en ningún momento una superioridad física y táctica del equipo USA que se convirtió en un muro infranqueable contra el que chocaba una y otra vez la roja “furia española”. Nos las prometíamos muy felices para llegar a una final con Brasil y los de Obama nos han chafado de nuevo la ilusión. Además, la crisis económica con fútbol es menos crisis y el aguafiestas de Obama nos devuelve a la cruda realidad. A pasarlas canutas tocan.
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