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Demagogia retórico audiovisual de Madonna

La diva se halla de gira por Europa. Roma ha sido uno de sus últimos destinos. Una vez más, record de asistencia y espectáculo musical inigualable. Sus burlas a la jerarquía de la Iglesia empañan su entrega en el escenario.

editorial

 


Madonna siempre ha sido sinónimo de polémica, de provocación. También de éxitos en venta de discos y de seguidores que la idolatran en los cinco continentes. Una carrera profesional que bate récords y que se prolonga, sin fecha de caducidad, durante tres décadas.


 


Este es el aspecto que ella debería celebrar: su capacidad tanto para ser idolatrada por padres e hijos como para concentrar en sus espectáculos a personas de las más variadas clases y grupos sociales. Su tendencia a politizar los conciertos, esa suerte de despotismo ilustrado que practica, le resta glamour…hasta hacerle caer en lo soez.


 


La cantante norteamericana sigue fiel en su estilo provocador hacia la Iglesia. Error magno. A sus cincuenta años debería saber que una cosa es la música, otra la religión y otra la política. Mezclar las tres da lugar un tótum revolótum carente de todo significado y deficitario en sentido del humor.


 


Desde hace ya tiempo son habituales los “guiños” de Madonna a la jerarquía eclesiástica del Vaticano. Las consecuencias reales, seamos claros, no existen: no por ello los que son cristianos y seguidores de ella, se han desvinculado de su fe religiosa.


 


Es condenable este proselitismo barato e insustancial. Además, no le hace falta pues es de las pocas artistas que no precisa de sonoros mensajes anti-religión para vender discos. Por tanto, sus alusiones a la curia vaticana, están de más.


 


El peligro que corre con esta ya cansina insistencia es que con el paso del tiempo la emplee como cortina de humo para enmascarar un hipotético declive de su carrera.


 


No debemos olvidar hacer una referencia al absoluto fair play de la Iglesia católica quien, como en otras ocasiones, y seamos claros en este punto, parece poner la otra mejilla. En efecto, pocas, o por mejor decir, ninguna de las grandes o pequeñas religiones, tienen la capacidad de aguantar las críticas que contra ella se vierten como la católica.


 


Es más, en ocasiones, ese concepto omniabarcante como es la libertad de expresión ha sido empleado por los propios cristianos para justificar ofensas y agravios gratuitos recibidos.

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