Rajoy es más previsible que Zapatero y su propuesta proclamada de alcanzar y recuperar con el principal partido de la oposición los grandes acuerdos de la Transición es creible y es, además, lo que el país reclama y necesita
Editorial
El domingo, 9 de Marzo, en España se decide o no el cambio de gobierno. La campaña electoral, la oficial, llega a su término cuando mañana, viernes, se cumplan las 24 horas. Es seguro que habrá de continuar el sábado e incluso hasta el minuto final del cierre de los colegios electorales el domingo. Como ya sucediera en 2004, las noticias que sucedan o se fabriquen, convenientemente “comentadas”, vendrán a perturbar la reflexión de los ciudadanos.
Si nada ocurre, parece que la gran mayoría de los españoles tiene decidido el voto. Parece también que habrá una notable participación de electores. Parece, igualmente, que a estas alturas todo está en el aire y que todo puede pasar. Los expertos hablan de dos bloques muy definidos y compactos: la izquierda y el centro derecha tienen similares apoyos.
Apelan los analistas a la capacidad de decisión de un bloque de votantes, que suele fluctuar entre PP y PSOE. Son ciudadanos, dicen, ajenos al dictado ideológico. ¿Son ciudadanos que pueden moverse en función del resultado práctico de las campañas electorales?. Unos piensan que son moderados y les atribuyen el voto del llamado “centro”, otros consideran que son personas que deciden su voto en función de la confianza que les inspira para su inmediato futuro las diferentes opciones o candidatos.
Especular sobre quien ha ganado la campaña es empeño inutil. El 9M se sabrá con seguridad. Las encuestas y los sondeos marcan tendencias, dicen los sabios del asunto, y en esta campaña lo que parecen decir todos o la gran mayoría es que ganará, por poco, el partido del gobierno. Pero todos dicen también y a continuación que cualquier cosa puede pasar. Estamos, pues, en la incertidumbre.
La campaña electoral española no deja demasiadas novedades y profundiza en hábitos ya conocidos. Uno de ellos es la extraordinaria implicación de periodistas, analistas, opinadores y comentaristas en sus propios medios y a través de los medios. Es esta más intensa incluso que la de los propios candidatos y los partidos.
Aquí se lleva la palma el partido de Zapatero para el que se han movilizado, motu propio, un sin fin de apoyos en su aplastante y casi hegémonico panorama informativo. Lo que lleva a pensar que ha sido Rajoy y no Zapatero quien ha llevado la iniciativa. Lo que tambien es un dato a tener en cuenta en la previsión de resultados.
En España la mayoría de medios se parapetan en una estudiada independencia y trabajan desde ella los argumentarios de los partidos o fabrican ellos mismos los argumentos para su opción. Una excepción innovadora, sincera, valiente y profundamente democrática ha sido la de el diario El Mundo que ha pedido sin ambajes a sus lectores de centro derecha que voten al PP y sus lectores de izquierda que voten al partido de la socialista Rosa Díez.
El de El Mundo es un ejemplo democrático que debería cundir. Pues, finalmente, no seremos los periodistas, analistas, comentaristas, músicos, actores, deportistas o artistas quienes nos sentemos en los escaños de la Carrera de San Jerónimo. Allí estarán, con toda seguridad, Rajoy y Zapatero. Allí estarán 350 hombres y mujeres que decidirán, o no, el cambio de gobierno. Esas personas, pues finalmente son personas, tendrán repartida la confianza de los ciudadanos. La cuestión es saber si esa confianza está fundada en un conocimiento cabal de las personas y sus propuestas.
En España sólo se han celebrado dos debates. Obama y la señora Clinton llevan más de 90 y sólo para poder ser candidatos. ¿que hubiera pasado en esta campaña electoral en España de haber sucedido lo mismo?. Lo que parece claro y dicen muchos desde la honestidad personal, que también los hay, que en esta campaña española quien más se ha expuesto con claridad y transparencia ha sido Mariano Rajoy. Sus propuestas son más claras y concretas. Rajoy es más previsible que Zapatero y su propuesta proclamada de alcanzar y recuperar con el principal partido de la oposición los grandes acuerdos de la Transición es creible y es, además, lo que el país reclama y necesita. Rajoy ha generado más confianza que Zapatero y si finalmente la elecciones españolas se han de decantar por el factor “confianza” en las personas y en sus propuestas, Rajoy debería ganar.
Por eso Diario Exterior, que se ocupa sólo parcialmente de los temas de España, siguiendo el ejemplo, profundamente saludable y democrático de El Mundo, pide hoy a sus lectores españoles que voten al PP. Creemos que es, hoy, la mejor opción para los españoles.
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