El primer ministro japonés, Yasuo Fukuda, ha anunciado hoy que presenta su dimisión después de que sus propuestas de liberalización económica y apertura a la inversión extranjera hayan quedado bloqueadas por la mayoría de la oposición en el Senado. Yasuo ha permanecido casi un año en el cargo, lo mismo que su predecesor, Abe Shinzo.
Junichiro Koizumi, Abe Shinzo, Yasuo Fukuda
Japón parece cada vez un país menos gobernable. En los últimos diez años, sólo dos dirigentes han sido capaces de mantener el puesto durante más de un año: Keizō Obuchi y Junichiro Koizumi.
Ni Yasuo Fukuda ni su predecesor fueron elegidos por las urnas. Simplemente sucedieron a Junichiro Koizumi cuando dimitió durante el su tercer mandato, algo histórico para los promedios de estabilidad de la jefatura del Gobierno.
Yasuo, de 72 años, ha explicado en rueda de prensa que decidió dimitir a finales de la semana pasada y que cree que es preciso un nuevo marco para poner en marcha las políticas económicas necesarias para Japón. “He pensado que este es el mejor momento para evitar un vacío político”, señaló.
El pasado mes de julio, ya había advertido que quería que el Partido Liberal Democrático nombrase a un nuevo presidente. En Japón no es posible que el presidente del partido que domina el gobierno no sea también el primer ministro. Aprovechó la Cumbre del G8 en Japón para anunciar, veladamente, su despedida.
Según Yasuo, la mayoría de la oposición en el Senado estuvo “siempre en contra de todas mis ofertas, especialmente de los proyectos de ley más importantes”. La liberalización de las instituciones japonesas y la apertura de la economía a la inversión extranjera han creado grandes debates, hasta el momento, no resueltos en todos los gobiernos que ha tenido el país desde que estalló su burbuja inmobiliaria y bursátil a finales de los ochenta.
A principios del pasado mes de junio, la oposición le presentó una moción de censura que no logró sacar adelante por haber propuesto que los mayores de 75 años, una enorme bolsa de población en Japón, pagaran un suplemento para financiar la sanidad pública.
“La gente, de un modo incomprensible para muchos occidentales, ha preferido no destruir empleo durante una de las peores crisis de su historia a cambio de no crearlo durante más de diez años. No se han hecho las reformas necesarias en el mercado de trabajo, porque la sociedad japonesa ha visto, desde el SXIX, las empresas como una familia que cuidaba de ellos desde la cuna a la tumba y no son capaces de aceptar que puedan despedir y contratar gente en función de sus necesidades”, afirma un experto para Diario Exterior.
Abe Shinzo, el antecesor de Yasuo, tuvo que abandonar el cargo porque se destapó una importante trama de corrupción que afectaba a muchos de sus asesores. Los escándalos se han sucedido en Japón en las últimas décadas sin que el Estado haya perdido una fuerte presencia en la sociedad nipona.
La “aversión al cambio” de una sociedad que se encuentra entre las más viejas del mundo y la necesidad de proteger su cultura y forma de hacer las cosas de la influencia, la inversión e incluso la inmigración extranjeras, podría encontrarse detrás de la decisión de Yasuo Fukuda, el tercer primer ministro que tiene Japón en los últimos tres años.
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