Los generales golpistas de Mauritania han disuelto una manifestación organizada por los partidos democráticos que se oponían al golpe de Estado y han reconocido que no descarta ilegalizar a las formaciones que ganaron las elecciones pasadas. Pocas horas antes se habían comprometido unas horas antes a respetar la “democracia real”.
Los golpistas de Mauritania
El ejército mauritano dispersó en Nuakchot a 200 manifestantes contrarios al golpe de Estado empleando gases lacrimógenos. Todos ellos pertenecían al Frente Nacional de Defensa de la Democracia, un grupo de partidos que respaldaban al Ejecutivo elegido en las urnas hace poco más de un año y presidido por Mohamed Uld Cheij Abdalahi.
“El Parlamento y el conjunto de instituciones constitucionales y administrativas continuarán ejerciendo sus atribuciones, conforme a la Constitución y a las leyes y los reglamentos en vigor”, afirmaron lso golpistas en un comunicado.
Esa promesa fue calificada por los integrantes del Frente de “una estafa camuflada para confiscar la voluntad del pueblo”, ante la evidencia de que esos militares “son los mismos que en el pasado expresaron compromisos similares”.
La estafa camuflada
Los partidos democráticos podrían tener razón. El Consejo de Estado, que es el gobierno provisional encabezado por los golpistas, podría haber empezado este miércoles a cerrar la sede del principal partido el Gobierno, el ADIL, y a detener a algunos miembros de las formaciones democráticas que no aceptan la legitimidad del golpe de Estado.
Además, el presidente y el primer ministro, las dos instituciones constitucionales y representativas más importantes de Mauritania, siguen retenidos por los militares y nadie ha emitido un comunicado oficial sobre su paradero su estado de saludo.
Mauritania había visto en los últimos meses cómo muchos de los parlamentarios del partido en el gobierno se iban desligando progresivamente de él tras sólo un año de gestión. Los golpistas decidieron ahorrar el trámite de una moción de censura cuando supieron que iban a ser destituidos por el Ejecutivo.
Los analistas coinciden ahora en que se ha dado un duro golpe a la democracia mauritana y se ha acabado con el poder del primer presidente elegido democráticamente desde que el país accedió a la independencia en 1960.
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