Editorial
Con ocasión de la guerra de Irak, se puede comprobar la hipocresía y la doble moral de muchos en occidente. Resulta realmente lamentable que ocurran atropellos y asesinatos injustificados por parte de las tropas anglo-americanas en dicho país. Sin duda, es extremadamente grave y sumamente reprochable. Pero, al menos, en occidente tenemos la oportunidad de saberlo, se hace público, se puede criticar a los responsables, hay causas judiciales para los culpables y se producen condenas penales a los que han sido declarados autores de los hechos. E incluso, los presidentes de las naciones implicadas piden públicamente perdón y lo lamentan.
Esto no reduce lo lastimoso de lo acaecido, pero expresa una capacidad de justicia y una posibilidad de corrección de los abusos. Sin embargo todo ello, es utilizado rastreramente para calumniar a países, gobiernos y dirigentes concretos.
La pregunta que cabe hacerse es cómo algunos tienen tan poca calidad moral para callar ante las atrocidades diarias que llevan a cabo, en la misma guerra, los contrincantes. Terrorismo indiscriminado, secuestros crueles -con degüellos incluidos-, víctimas civiles inocentes, falta de respeto a la voluntad democrática expresada en las urnas, desprecio a los derechos humanos mínimos, atentados contra la Cruz Roja, la ONU, etc.
Todavía tienen la desfachatez de denominarlos “insurgencia”:¿contra quién?, ¿contra la ocupación militar que está velando por el proceso democrática que el propio Irak quiere para sí y cuyo gobierno electo pide su presencia? Hay que denunciar de una vez que cuando se utilizan palabras como paz, respeto a los Derechos Humanos, respeto a la integridad física y moral, etcétera o se hace en todos los casos o queda claro, como quedó claro en la época soviética, que son ideas en las que no se cree en absoluto y sólo sirven para enmascarar su utilización -vacía de contenido- contra los que se odio. Pura manipulación de conceptos y valores nobilísimos.


















