Editorial
La Cumbre del Clima de Montreal, en la que han participado más de 150 países, se clausuró con la decisión de lanzar las conversaciones formales de cara a prolongar los compromisos del Protocolo de Kyoto más allá de 2012, fecha en la que expira este documento que sienta las bases para la reducción de los gases con efecto invernadero a la atmósfera, aunque Estados Unidos seguirá manteniéndose al margen.
El Gobierno del presidente George W. Bush rechaza introducir recortes a las emisiones de gases con efecto invernadero según lo estipulado por el Protocolo y sólo ha aceptado una propuesta menor para entrar en un “diálogo” mundial exploratorio sobre los pasos futuros para combatir el cambio climático y que rechaza específicamente “las negociaciones que lleven a nuevos compromisos”.
Existe un cierto desaliento por la actitud de EEUU pero ésta no deja de ser razonable a vista de que considera que Kyoto está contaminado de pseudociencia y ausencia de rigor en el análisis. Además, el costo de implementar este Protocolo es imposible de asumir para la economía más desarrollada del planeta e inútil, ya que ellos pagarían para que otros países no industrializados contaminen, como por ejemplo, India, China o Irán.
Lo que sucede en Irán es preocupante. En Teherán la contaminación se ha cobrado al menos cien vidas tras subir la polución hasta niveles críticos, según las autoridades sanitarias iraníes citadas por la cadena británica BBC la semana pasada. El tráfico ha sido restringido en un intento de reducir los niveles, y los hospitales han registrado por el momento más de 1.000 casos de ataques al corazón y problemas respiratorios, mientras muchos de los habitantes, aunque no llegan a estados críticos de salud, padecen fatigas crónicas y dolores de cabeza. Las oficinas públicas y las escuelas tuvieron que ser cerradas, ya que la ciudad se encuentra cubierta por una nube de humo negro.
Lo que denuncia EEUU es que el tratado sólo compromete a los países ricos e industrializados de Occidente para la reducción de las emisiones. Las naciones en desarrollo, lideradas por China y la India, no se les requiere que hagan nada. Su creciente desarrollo económico están poderosamente impulsado por el carbón y otros combustibles fósiles, y las emisiones de CO2 que producen superarán por amplio margen las reducciones logradas por los ahorros y cortes de energía de Occidente.
Si EEUU no se adhiere a Kyoto es porque pretende una solución más equitativa: ajustar las emisiones por unidad de PIB según el área de cada país. En ese cálculo, Estados Unidos obtiene el primer puesto, como la nación más eficiente del mundo y el peor le corresponde a Gran Bretaña, donde tanto se quejan de la posición de Bush respecto a Kyoto.
Debe ponerse la mirada en el largo plazo. Es posible abatir la contaminación pero siempre y cuando se evite el catastrofismo y en su lugar se le permita al sector privado encarar este problema, a condición de hacerlo con seriedad y dejando de lado caminos que ya demostraron su inconveniencia.
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