Editorial
Desde luego, nada impide que tres países pacten acuerdos para intercambiar energía, tecnología o lo que estimen conveniente. Lo que no parece tan sensato es que se haga como contrapeso a otro Tratado, en este caso, el de Libre Comercio de las Américas (patrocinado por EE.UU.)
En un mundo en pleno proceso de globalización, los acuerdos bilaterales y multilaterales son frecuentes pero tratar de crear un proceso de integración artificial, en confrontación con otro -que podría ser criticable o mejorable-, no denota sino la instalación en una dialéctica y una dinámica neomarxista que pretende actuar contra el “Imperio”.
Sustentado en presupuestos ideológicos, e intentado mermar la capacidad de influencia de los norteamericanos en Iberoamérica, el ALBA pretende fortalecer las alianzas entre varios países que se están inclinando peligrosamente hacia los planteamientos de la izquierda altermundialista, la vuelta al intervencionismo, las nacionalizaciones y la autarquía, es decir, todo aquello que llevó al subcontinente a perder toda una década, económicamente hablando, en los años ochenta.
¿Se está procurando el crecimiento y el bienestar de los ciudadanos, en países tan necesitados del mismo, o más bien la confrontación ideológica, aunque el precio que haya que pagar sea el estancamiento y el progresivo empobrecimiento? En un mundo regido por la libre circulación de capitales, el libre comercio y las inversiones extranjeras, parapetarse en un pequeño círculo de “amigos ideológicos” no es más que condenar a los respectivos países a la falta de prosperidad y, todo ello, por ceguera ideológica.
Porqué, cabría preguntarse, si no gusta el ALCA, se intentan mejorar, renegociar, o volver a potenciar procesos de integración regional como el MERCOSUR o la Comunidad Andina. No se trataría de servilismo, sino de actuar con inteligencia de cara a, junto con España, el inversor internacional más importante en la zona.
Lo que ocurre, simplemente, es que no estamos hablando de buscar la riqueza y la prosperidad de Iberoamérica, sino de impedir la influencia de EE.UU. incluso aunque, en ciertos aspectos, pudiera ser beneficiosa.


















