A falta de una semana para que George Bush pise suelo argentino para participar de la Cumbre de las Américas, se van alcanzando modestos consensos con el fin de que las profundas diferencias ideológicas entre Washington y el eje chavista latinoamericano no tensen las relaciones diplomáticas en la región.
Editorial
El país que está articulando las propuestas y buscando puntos de acuerdo es Argentina, que como país anfitrión se juega mucho. En principio, su credibilidad en materia de seguridad, dado que la presencia de Bush en el país implica una enorme responsabilidad ha estado haciendo importantes esfuerzos para que todo salga acorde al libreto.
Por otra parte, a pesar de que Kirchner no oculta su simpatía por el dictador Fidel Castro y el demagogo venezolano, la negociación de la deuda externa es clave para su futuro político y por ese motivo debe, a su pesar, tener al menos relaciones cordiales con EEUU. Se lo recordaba ayer el embajador norteamericano en Argentina, Lino Gutiérrez, al decir en tono afable que “no nos olvidamos del FMI”.
Este punto es un dato esencial ya que Argentina no hace autocrítica por su debacle económica y todos sus males se los achaca al FMI y al “Consenso de Washington” que rigió en los noventa. De ahí que la nueva izquierda peronista defenestre el proyecto del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) que EEUU tanto se esfuerza en impulsar.
Funcionarios argentinos y norteamericanos admitieron ayer, que todavía hay frases del documento final de la IV Cumbre de las Américas que “siguen en discusión”. Hasta ahora, las reiteradas gestiones de EE.UU. para incluir ese tema en el documento final resultaron infructuosas.
Argentina y gran parte de la región centran su propuesta en reforzar el papel del Estado como factor de desarrollo -por medio de la obra pública- y distribución de la riqueza; la eliminación de los subsidios agrícolas y una profunda reforma de los organismos multilaterales de crédito. En la vereda de enfrente, Estados Unidos -con el guiño de Canadá y Chile-, prefiere hacer hincapié en la necesidad de profundizar la lucha contra la corrupción, aumentar la transparencia y ampliar la apertura comercial de los países.
De todas maneras, hay pocas razones para ilusionarse con un gran acuerdo de libre comercio. Por el contrario, si existe consenso, se alcanzará una declaración liviana que no entusiasmará a nadie pero que sí podrá ser firmada por todos los concurrentes.
// OTROS TEMAS QUE TE PUEDEN INTERESAR