América, Política

El asedio a María Corina

La imputación del Ministerio Público de Venezuela contra la líder de la Resistencia Democrática, María Corina Machado, por “conspirar” contra ese régimen es el enésimo intento de Nicolás Maduro para que ella huya al exilio.


Pero esta mujer ha resultado un hueso duro de roer y no habrá más remedio que meterla presa, como lo hicieron con Leopoldo López, con el que ella y el alcalde caraqueño Antonio Ledezma lanzaron a inicios de año la propuesta conocida como “La Salida” para que Venezuela recobre la democracia.

Desde que se instauró la dictadura chavista, todos los líderes opositores han sido perseguidos “a la cubana”. De Salas Romer a Manuel Rosales, de Enrique Mendoza a Leopoldo López y de Carlos Ortega a Henrique Capriles, todos fueron víctimas de una maquinaria destructora. Un buen número acabaron en el exilio, otros en la cárcel y alguno que otro perdió la fe en la posibilidad de forzar el retorno a la libertad. A quien todavía no han podido exiliar, encarcelar o intimidar es María Corina: de allí la desesperación que evidencia esta burda imputación que empezó con la acusación de “magnicidio”. Le esperan, según las leyes chavistas, 16 años de cárcel.


Todo se basa en unos correos electrónicos fraguados pero “enviados” desde cuentas reales para dar verosimilitud a los hechos materia de la imputación, como ya se ha encargado de confirmar Google en el caso de uno de los inexistentes conspiradores, un conocido empresario en el exilio.Sólo en la imaginación ornitológica de Maduro alguien como María Corina sería capaz de planificar un atentado y, para colmo, por correo electrónico.
El problema es este. En febrero, cuando los líderes de “La Salida” convocaron al país a manifestarse por la democracia, el gobierno empleó una represión fascista que acabó con la vida de 43 personas, dejó heridas a centenares de personas y mandó a la cárcel o al exilio a muchos adversarios. El más prominente, Leopoldo López, se pudre en un penal militar desde entonces a pesar de que muchos organismos internacionales (exceptuando, claro está, a la OEA) han pedido su liberación y denunciado el abuso.


Allí sigue la ira popular (tres de cada cuatro venezolanos repudian a Maduro), con tendencia a crecer en un momento en el cual la devastación económica y la inseguridad física de millones de venezolanos coincide con la caída en picado del precio del crudo.
 
Creyeron que lograrían mediatizarla y obligarla a escapar al exilio con todo lo que le han hecho, incluyendo la expulsión de la Asamblea Nacional, la prohibición de salir del país, el impedimento de viajar en avión al interior de Venezuela, el hostigamiento físico y jurídico, la presión atroz a su familia inmediata. Pero no. No le da la gana de bajar la cabeza. Le hagan lo que le hagan. La imputación de la Fiscalía no es, pues, otra cosa que una fehaciente demostración de impotencia.
 
Es difícil encontrar hoy en esta zona del mundo otro líder así.

Publicado en La Tercera

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