Economía y Sociedad

El futuro económico de China

El desafío planteado es entonces de doble faz: el económico, aprovechando un nivel de crecimiento excepcional para consolidar un proceso de desarrollo; y el político, en la que el pueblo chino juega su libertad y el fin del sometimiento arbitrado por el partido comunista.

Editorial
China es, junto a otros países del Oriente lejano, el país que más crece en el mundo y cuyos productos ganan, cada día, porciones más amplias del mercado mundial. Y ya no se trata de artículos de escasa elaboración sino de productos terminados (y componentes) de las más recientes tecnologías.

El auge inversor y la utilización de una mano de obra masiva y disponible han configurado una economía pujante pero incierta, alumbrada bajo el impulso de las reformas de mercado que abren para esta sociedad la más grande oportunidad para salir de la pobreza y el atraso.

Diario Exterior dio cuenta ayer de las advertencias lanzadas por el FMI al gobierno chino, a quien instó a controlar con mayor cuidado la fluctuación de la moneda y a evitar un pico inflacionario producido por el “recalentamiento” económico. La fuerte demanda de inversiones y la ampliación incesante del mercado interno suponen una presión sobre la moneda que difícilmente se contenga sin la aplicación de medidas correctivas. “Si las medidas en los tipos de cambio reales se producen a través de medidas nominales de ajustes de tipos, la inflación se mantendrá modesta, pero si los tipos de cambio nominales se mantienen, en algún momento el ajuste de tipos de cambio reales generará más inflación”, señala el organismo.

En segundo lugar, el FMI advierte, a través de su gerente, Rodrigo Rato, sobre el riesgo que significa destinar el capital a inversiones improductivas (o ineficientes) que sólo alimentan el ánimo consumista pero que no constituyen una base sólida para el crecimiento futuro. Rato, que prevé para China un crecimiento del 10% para el año que viene, puso en duda la “salud” del proceso si éste no se orienta hacia condiciones básicas de desarrollo y estabilidad.

Estas advertencias económicas hubiesen sido impensadas tan sólo unas décadas atrás, cuando el país asiático se debatía entre una pobreza generalizada y un estado de opresión política heredero del más recio método maoísta y de toda la falacia ideológica que representó su advenimiento. Atrasado, empobrecido y sometido a los más insufribles métodos de censura, el pueblo chino estaba condenado –básicamente- al ostracismo.

La apertura hacia el mercado constituyó luego, un renacer de la economía y la sociedad de este país, cuya supremacía en tiempos antiguos supo encandilar a la cultura de Occidente. Aún empobrecida y sojuzgada por décadas del más severo autoritarismo, China supo reponerse y abrir su calamitosa economía (y su mercado) hacia las oportunidades de la economía global. Hoy, más de un analista entiende que el empuje de su economía (alimentado por su extensísimo mercado -de más de 1.300 millones de personas) constituye el más importante incentivo para el resto de las naciones. Y sobre esta línea es que el FMI intenta “aconsejar” a las autoridades china y establecer bases para un crecimiento sano.

El auge económico y la formación de un extenso mercado, junto a la mejora de las condiciones de vida del pueblo chino, tendrán seguramente repercusiones políticas. La liberalización de la economía expone al rígido sistema comunista a ser cuestionado y rechazado por los ciudadanos que ven en las oportunidades económicas un medio para obtener mayor parcelas de libertad. El centralismo comunista aparece como anacrónico (y antagónico) a estas aspiraciones de la sociedad que empieza a tener una visión inédita del mundo moderno.

El desafío planteado es entonces de doble faz: el económico, aprovechando un nivel de crecimiento excepcional para consolidar un verdadero proceso de desarrollo; y el político, en el que el pueblo chino juega su libertad y el fin del sometimiento arbitrado por el partido comunista. Lo que ocurra con estas dos variables influirá sobre los restantes países de Oriente y (además) sobre el resto de la economía y la política mundial.

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