África, América, Economía y Sociedad

El liberalismo, con los más pobres

La crisis de los alimentos no se hubiera producido si se hubiese firmado la Ronda de Doha


En un reportaje estrenado en España, titulado “Oro Negro”, los espectadores pueden ver con asombro que los más pobres de una región africana piden acceso a los mercados internacionales para superar su terrible situación económica.

Si la Ronda de Doha- por la que los agricultores de los países menos favorecidos comercian en pie de igualdad con sus homólogos de las naciones desarrolladas sin subsidios ni barreras- se hubiera firmado, el sufrimiento del Tercer Mundo y la frustración que provoca su incapacidad para modernizarse se habrían mitigado profundamente.

Por otro lado, la subida de los alimentos habría redundado en un incremento de la renta per cápita de los países exportadores y del mundo en general. La extensión del mercado habría producido que las necesidades de mejores prendas de vestir de los jornaleros de Brasil se tradujeran en más oportunidades de salir adelante para los productores de textiles de Vietnam.

Finalmente, los manifestantes de Camerún o Haití nunca se habrían encontrado con los puestos de los mercados vacíos de repente y sin avisar. Con toda la superficie arable que existe en el planeta, este desabastecimiento no puede tener más justificación que la falta de inversión en las cosechas y la maquinaria agrícola. Esa falta de inversión se debe, como era de esperar, a que los jornaleros de los países pobres tienen que vender sus mercancías a un precio excesivamente barato, porque las primeras potencias les imponen unos aranceles abusivos para beneficiar a sus propios agricultores. Alguien debería explicarles a los cameruneses y haitianos que si los mercados hubieran estado abiertos, ellos se hubieran enfrentado a un ajuste gradual y no a una situación de desabastecimiento.

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