El Tribunal Constitucional turco se encuentra en una de las etapas más decisivas de su historia. El proceso judicial abierto contra el Primer Ministro Erdogan, el Presidente Gull y miembros del Partido Justicia y Desarrollo (AKP), puede dar lugar a su inhabilitación.
Editorial
El contexto en el cual tiene que realizar sus deliberaciones no es el más propicio. Sin embargo, en el pasado nos ha dado muestras de que su capacidad para velar por el laicismo y el orden constitucional, no tiene límites. El Partido de la Virtud puede atestiguarlo. Desde diferentes sectores, estamentos y organizaciones han tratado de hacer ver los riesgos en forma de crisis institucional puede provocar la inhabilitación del Primer Ministro. Los recientes acontecimientos han fomentado esta presión. El descubrimiento, y posterior procesamiento, de una presunta trama golpista integrada por los sectores ultranacionalistas, Ergenekon, (desde periodistas, intelectuales, hombres de negocios hasta miembros del ejército ya retirados), aumentan los interrogantes sobre el futuro del país. El atentado, del que nadie ha reclamado su autoría, que tuvo lugar en Estambul el pasado domingo, añade aún más confusión e incertidumbre.
Podemos estar seguros que los jueces turcos van a saber diferenciar entre uno y otro proceso (Erdogan/Ergenekon), separando lo político de lo judicial. ¿Y la sociedad turca? Ésta nos viene dando lecciones de madurez cada vez que se la ha puesto a prueba en los últimos tiempos. Sus preocupaciones van más allá del uso/no uso del velo en la universidad. Tampoco un frenazo en las negociaciones para formar parte de la UE parece importarle en exceso.
La crisis económica traducida en la subida del precio de los alimentos es el aspecto que ocupa el lugar más alto en la jerarquía de sus preocupaciones. En ese punto es donde pueden demostrar su descontento hacia Erdogan y la gestión realizada, pese a que hace poco más de un año votaron mayoritariamente a su favor.
Cuando en breve conozcamos la sentencia sobre el AKP deberemos prestar atención a las reacciones de actores como Estados Unidos, la Unión Europea, Oriente Medio e Israel, con los cuales el gobierno de Estambul ha desarrollado un tejido de relaciones, jugando en algunos casos un importante papel de mediador.
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