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El mundo necesita algo más que planes de rescate

Los inversores internacionales y la gente común han vuelto a coincidir en lo fundamental: no se fían del sistema financiero y tampoco de los planes de rescate con los que los políticos dicen que salvarán el mundo. Ayer, las dos empresas que acababan de ser “rescatadas”, Hypo y Dexia, se derrumbaron entre un 20 y un 40%. Los dirigentes empresariales y los representantes de los ciudadanos deberían empezar a preguntarse por qué piensan que todos los demás están equivocados.


Si cuando se rechazó el plan de rescate de Bush, los mercados crecieron con moderación y no se produjo ninguna debacle, es posible que los inversores tuvieran sus motivos. Por otro lado, cuando la mayoría de los estadounidenses rechazaba que sus impuestos se gastasen en reflotar las empresas de Wall Street, igual actuaban con algo más que intuición.

Lo que ambos colectivos sabían que es la intervención pública, cuando es masiva, no sólo no remedia sino que suele alargar las crisis. Un ejemplo de ello es el New Deal que impulsó Franklin Delano Roosevelt después del crack del 29 y que ayudó a muchos americanos a no perder sus empleos durante algún tiempo mientras que los sometía a todos a una larga depresión de más de diez años.

Otra cosa que sabían por intuición es que podría haber bastado con que la Reserva Federal, en coordinación con los bancos centrales del mundo, siguiera bombeando dinero al mercado para que las entidades financieras, que no hubieran asumido unos riesgos excesivos, pudieran financiarse.

Curiosamente, pocas horas después de que se supiera que el plan de rescate de Bush no había recibido la aprobación del Congreso, los mercados abrieron en positivo. ¿Por qué? Porque la Reserva Federal había llegado a un acuerdo con otro ocho bancos centrales para inyectar 620.000 millones de dólares en los mercados.

La intuición de los inversores y los ahorradores había sido confirmada muchas décadas antes por Milton Friedman, que demostró que el crack del 29 se habría evitado si la Reserva Federal hubiera financiado a los bancos responsables. La pregunta que muchos economistas se hacen ahora es ¿por qué no eludir la recesión de 2008 de la misma forma que habríamos evitado el mucho más grave crack del 29?

Y la tercera cosa que estos dos colectivos tan diferentes han comprendido mejor que los políticos y los altos ejecutivos es que esta no es una crisis ni de liquidez ni de solvencia sino de confianza. Nadie está seguro de lo que vale el petróleo, nadie sabe si su banco acabará devolviéndole lo que depositó en sus cuentas de ahorro, y casi ninguno se atrevería a afirmar si es un riesgo o una oportunidad entrar en la bolsa en el mismo momento en el que se está derrumbando.

Por eso, los inversores y los ahorradores han demostrado saber mejor que nadie que es necesario refundar el sistema financiero internacional sobre unas bases nuevas, que no tendrían que ser ni más burocráticas ni más limitadoras: Bastaría con que permitiesen una competencia sin trabas dentro de un marco legal que castigue las prácticas que puedan desestabilizar el sistema.

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