Bolivia sigue acaparando protagonismo informativo. El lunes tienen previsto llegar a La Paz 10.000 obreros, sindicalistas y políticos afines a Morales con el único objetivo de presionar a la oposición para que fije una fecha para el referéndum. El MAS y las organizaciones ideológicas afines siguen dando sus particulares lecciones de democracia.
Editorial
Tras el tumultuoso mes de septiembre vivido, parecía que la normalidad política había regresado al país andino. UNASUR, oficialismo y oposición se felicitaron por ello. Sin embargo, “algo” en el ambiente nos hacía ser escépticos. Las palabras del Canciller de Exteriores David Choquehuanca contenían la semilla del radicalismo y nada tenían que ver con las del Ministro de Defensa Walker San Miguel.
El diálogo inicial entre ejecutivo y oposición nada resolvió. Tras ello, el debate se trasladó al Congreso. Entre los prefectos opositores se observaron posturas más flexibles, no descartando el referendo, siempre y cuando éste estuviera rodeado de las garantías legales exigidas y exigibles.
Es obligatorio recordar que la Constitución que se someta a consulta popular deberá ser producto del consenso y no de la imposición, premisa que no comprende Morales. Sus lecturas de la realidad político-social son cada vez más sesgadas, subjetivas e interesadas. Obrar así le ha llevado a pensar que el apoyo que le dieron la UNASUR o la OEA fue un cheque un blanco.
Igualmente, el dirigente aymara está ignorando que la oposición muestra unidad y tiene mayoría en el Senado. Al contrario que en otros países de la región, ni está desorganizada ni tiende a funcionar atomizadamente. Es un bloque compacto que sabe lo que quiere y con un proyecto político-administrativo para su país.
¿Y los sectores vinculados/apoyados por el oficialismo? Más allá de amenazar a quienes no piensan igual y buscar la imposición, ¿saben en que consiste la nueva Constitución?, ¿conocen el tipo de alianzas internacionales que quiere trazar su presidente? No dan excesiva importancia a estas cuestiones. Lo relevante para ellos es imponer su proyecto. Para tal fin, cualquier medio es válido. Maquiavelo y El Príncipe parecen ser el autor y manual de cabecera de la izquierda boliviana.
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